
Yaya
Hace unos días cumpliste 90 años, ¡!casi nada!!. No puedo estar más que agradecida por tenerte cerca y que sigas cumpliendo tan lúcida y tan estupenda.
Estas líneas, van por ti, con infinito agradecimiento por estar ahí siempre y por ser la Yaya que seguro soñé antes de nacer y tuve la suerte de encontrar.
¿Te acuerdas del pegamento de harina con agua? No hacía falta ir a la tienda, le buscabas a todo una solución económica que me fascinaba. Y ¿el cine dentro de una caja de zapatos con un tebeo enrollado? seguro que era la única que lo tenía. Me hacías bocatas de mermelada de tomate para merendar y por la noche me acostabas con una bolsa de agua caliente, vicks vaporub y un montón de mantas en una cama enorme. Las mañanas eran un peine mojado con colonia, unas trenzas perfectas y papilla de galletas. Tu cocina olía a melocotón en conserva, a leña, a tiempo. Todo el tiempo del mundo cabía en esa pequeña cocina.
Sentirte importante yendo contigo por la calle y tu remolque, con la bata de flores y unas alpargatas viejas. Saludando a todo el mundo y yo, orgullosa de ti, celosa y también feliz. Verte tejer, coser, cocinar, pintar, hacer manualidades, escucharte historias de la niñez, que, con el paso de los años menguan en alegría y te enternecen y contarme que te has tomado una copa de vino de 15 voltios y entonces…te abrazo, sonrío y te quiero más por ignorar que %VOL se refiere a otra cosa.
Y ahora, pese a las canas, muchas canas, sigues cuidándome, siendo toda una campeona con el ganchillo, las agujas de tejer y la mejor cocinera del mundo (aunque a veces se te queme la comida por ver “La ruleta”, “Pasapalabra” o por charrar por teléfono).
Tantas anécdotas, tiempo compartido,…. estar siempre ahí para todo y como si nada.
Jamás en mi vida podré agradecerte lo generosa que eres y lo querida que me siento a tu lado y si nunca nadie piensa en mí de esta forma, que no sea porque no intenté ser cómo tú.
Yaya, te quiero, gracias por ser, gracias por estar.
