Opiniones

María José Parra

Nos roban

Nadie en su sano juicio tendría a un pederasta al cuidado de sus hijos pero parece que no importa que un corrupto tutele nuestras cuentas o esté al frente de nuestras empresas. Una y otra vez ponemos al lobo al cuidado de las ovejas y los delitos económicos parecen un mal menor  intrínseco al ser humano. La indolencia de Gobiernos y de muchos ciudadanos nos avoca a continuar en un sistema corrupto.

Evasores, malversadores, prevaricadores, defraudadores, pagadores de favores…… gozan de cierto prestigio y son apoyados por sus acólitos. Siempre son más graves las corruptelas del bando contrario, siempre es peor el delito del rival. Al colega, desde el minuto cero,  “nadie le podrá probar que no es inocente”,  “le irá bien”. Solo les falta hacer un sacrificio humano en directo y aún así habrá quien les siga apoyando.

Malaya, Gürtel, Eres, Emarsa, Palau, fraude fiscal…….sólo el pufo inmobiliario de los bancos se estima en más de 250.000 millones de euros, 5.500 euros por persona. Lástima no conocer los datos totales, incluidos los aeropuertos sin aviones y sobre costes de obras (solo en Plaza son más de 56 millones y en la M30 unos 1600 millones).

No deberíamos permitir un solo guiño cómplice a esta gentuza que además es la misma que nos dice que “hay que trabajar más y cobrar menos” mientras se forra a nuestra costa.

La Ley de Transparencia (coja y sorda desde la primera coma) no debería ser un extra voluntario como el aguinaldo de navidad. Es una obligación de todo cargo público así como partidos, sindicatos, patronal y cualquier organismo o empresa  que se beneficie en algún momento de financiación o subvenciones públicas el rendir cuentas a los ciudadanos.

Decir que todos son iguales alivia la frustración de muchos,  los sitúa en un lugar más cómodo y cuestiona al resto.  ¿Una frase oportuna de conformistas con pocas miras o una orquestada maniobra?

 

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