
Feliz cumpleaños
Quizás no sea lo adecuado, ni lo correcto, utilizar esta columna en la que habitualmente suelo escribir sobre temas que más tienen que ver con noticias políticas o reivindicaciones sociales, que utilizarla para celebrar mi cumpleaños. Y digo, quizás no sea lo correcto, pero hoy, bajo la perspectiva de mis recién estrenados cincuenta años, me lo pide el cuerpo. Me pide celebrarlo y me pide dar las gracias a todas aquellas personas con las que los he compartido.
Cuando nace un nuevo ser, toda la sociedad que le rodea, desde el círculo más cercano y familiar, hasta el sistema político y social establecido en ese momento, vuelca sobre ese nuevo ente todo su peso. Los padres, el deseo de un futuro mejor y mejores oportunidades que las que ellos tuvieron, y la sociedad se ocupa del resto. Desde los primeros años de escuela, en los que recuerdo el vaso con Cola-Cao que llevábamos porque allí nos repartían leche; los ramos de flores en el mes de mayo a Dª María, para que nos pusiese mejor nota, o su horrible clasificación (y humillación) en listas y tontas; las primeras clases “mixtas” que compartimos con chicos, mirándonos ambos como si especímenes distintos fuésemos. Colarte en la “Chachapoa”, descubrir que había vida más allá de las diez de la noche, las verbenas, las fiestas de fin de curso, las amigas, los amigos, algunos muy especiales. Llegar tarde a casa, infringir las normas, los castigos, asumir las consecuencias…. hacerse mayor. Estudiar, trabajar, tener pareja, hijas y como madre, desear para ellas lo que mis padres desearon para mi: un futuro mejor, lo que viene siendo habitual. El ciclo de la vida. Pero cuando crees que has llegado al meridiano de tu vida, que lo tienes todo controlado, que no te persigue la hipoteca, que tus hijas empiezan a volar solas, y puedes empezar a bajar la guardia, entonces, llega un grupo de jóvenes, o no tan jóvenes, inconformistas, y se plantan un 15 de mayo en la Puerta del Sol y dicen “que no nos representan”. Volvieron a mi cabeza Carbonell, La Bullonera, Labordeta…..aquel concierto en la plaza de toros, agarrada de la mano de mis padres que no quitaban ojo a aquellos señores de gris que también habían venido al concierto, pero estos con un uniforme muy feo. Y aquí me encuentro, descubriendo otra etapa de mi vida, con la perspectiva y la paciencia que dan los años, enriqueciéndome con nuevos y más amigos, los que están aquí arrimando el hombro y sujetándome, y los virtuales, los que tienen un sonriente emoticono cada mañana, o los que despliegan una bandera de indignación ante cada injusticia. Gracias a todos los que me habéis ayudado a construir mi vida, creo que soy un poco la suma de todos, por eso hoy os debía este artículo. A por otros 50.
