
TTIP. La otra cara de las farmaceúticas.
La puesta en escena de los documentos del TTIP, gracias al trabajo y los esfuerzos de Greenpeace, ha revelado información importantísima para la población mundial. No ha sido, desde luego, gracias a los gobiernos que nos representan y que se supone tienen el deber de velar por nuestros intereses y no el de las industrias farmacéuticas. Estas empresas invirtieron 40 millones de euros en 2014 para impulsar el Transatlantic Trade and Investment Partnership (TTIP). Así, las farmacéuticas presionan para prolongar el periodo de concesión de patentes, combatir los medicamentos genéricos y reducir aún más la transparencia sobre los ensayos clínicos de los nuevos fármacos.
Grünenthal es la empresa farmacéutica alemana fabricante de la Talidomida, medicamento que en los años 50 y 60 se recetó y suministro a mujeres embarazadas como calmante y para paliar las náuseas provocadas por el embarazo. Este medicamento causó muertes prematuras y graves malformaciones en los recién nacidos, dejando secuelas de por vida. Asociaciones de afectados en todo el mundo han exigido responsabilidades e indemnizaciones.
Gobiernos de países como Japón, Canadá, Brasil o Italia han destinado compensaciones económicas a los afectados; en otros, como Alemania, Reino Unido, Suecia, Dinamarca, Noruega e Irlanda ha sido el gobierno y la misma empresa farmacéutica quienes pagaron las indemnizaciones. Únicamente en España y Portugal no se contempla ningún plan de compensación. El Tribunal Superior de Justicia de Madrid derogó la resolución aprobada anteriormente que reconocía las indemnizaciones para los afectados y dio la razón a la empresa farmacéutica porque había prescrito, al no ser presentadas en tiempo y forma. Otra vez, de nuevo, comprobamos que la Justicia “oficial”, en la que todos los ciudadanos debemos confiar, no protege a los más débiles.
Un aplauso por quienes no han cejado en la lucha -las personas afectadas, sus familias, las asociaciones- para que se reconozca el agravio y la discriminación sufrida por no considerarlos iguales a otros ciudadanos europeos y por atreverse a luchar con gigantes como las empresas farmacéuticas. David contra Goliat.
Varias iniciativas legislativas intentan generan confianza y abren las puertas a la posibilidad de poner fin a este despropósito. Dos proposiciones no de ley aprobadas por unanimidad en el Congreso de los Diputados, iniciativas en parlamentos autonómicos de Andalucía, Asturias, País Vasco, Murcia, también en Aragón, o en ciudades como Bilbao; incluso el Tribunal Constitucional valora reabrir la causa.
Por todas estas pequeñas luchas de David contra Goliat, debemos unirnos ahora y plantarle cara al TTIP. Ante este tratado opaco, que se negocia y firma de espaldas a la ciudadanía contra nuestros intereses, que nuestro Gobierno actual respalda, recordemos lo que decían las mareas: “La salud no es un negocio”.
