Opiniones

Pablo Lorente

Mario Vargas Llosa Inicia la rebelión

Julián, el personaje de la serie El ministerio del tiempo, en el capítulo quinto y recordando a Lope de Vega, le espeta a su superior: “Qué pasa, que todos los genios españoles son unos pichabravas”.

Supongo que no hace falta explicar el término, bastante explícito por otra parte. El caso es que el premio Nobel de Literatura don Mario Vargas Llosa parece haberse empeñado en demostrar esta teoría a sus 80 años de edad, momento en el que, como todo el mundo supone, la libido está disparada.

Durante estos días, las revistas del corazón y demás programas deliberadamente absurdos especializados en estos asuntos se empeñan en sacar en sus portadas al escritor peruano-español con Isabel Preysler, quien, al parecer, o bien trabaja como funcionaria del Ministerio del tiempo como Jordi Hurtado, o ha hecho un pacto con el diablo para no envejecer; algún día lo sabremos, quién sabe.

Mario Vargas Llosa es un escritor excepcional, y quieren servir estas líneas para invitar el lector a adentrarse en su obra. Cómo no recordar al santón de La guerra del fin del mundo o el sufrimiento de Urania en La fiesta del chivo, entre otras muchas novelas. Tras todas estas historias, tras todas estas ficciones de urdimbre maquiavélicamente perfecta hay mucho trabajo, miles horas de trabajo y esfuerzo para crear una obra de arte que consiste en formar con la lengua mundos ficcionales tan posibles y parecidos a los nuestros que dan miedo.

En la vida de cada uno, que ahora parece interesar tanto al respetable, Vargas Llosa, como cualquier persona pública o no, puede hacer lo que le venga en gana. Si a sus 80 años se siente rijoso o ha descubierto el amor me es del todo indiferente, mi opinión sobre su obra no va a descender un ápice. Es más, le agradezco el detalle de fijarse en una señora que vive en España, le agradezco que salga en las revistas del corazón, es una cosa muy bonita de una trascendencia inimaginable. Y es que como ya he dicho en alguna otra ocasión en este medio, los escritores se han visto arrumbados por artistas de todo tipo y pelaje. Cantantes, actores, cocineros y deportistas son los únicos invitados a hacer el gilipollas –y así vender más, no lo olvidemos- en los programas más peregrinos, pero nunca escritores, quienes, como mucho y con suerte, acabarán en algún rincón de La2.

Así que, a lo mejor, todo esto es un plan urdido por Vargas Llosa. Primero conquistará las revistas del corazón, luego, los medios restantes, lo cual permitirá la revolución de los escritores e intelectuales en nuestro país, quienes por fin serán visibles y podrán hacer el gilipollas en los medios como todos para hartarse de vender y hacer felices a cientos de editores orgullosos.

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