Opiniones

Pilar Batanero

Verano

Ya ha llegado el calor, las tormentas, los días largos, el sol radiante en el cielo, los abanicos, los helados, las visitas a la piscina, las vacaciones en la playa, en el pueblo...

Las mujeres se visten de alegres colores, se bajan los escotes, se suben los bajos de las faldas, y los pantalones pierden las perneras.

Las camisetas, y los pantalones cortos, que no sé como se llaman ahora, ya que no son ni las bermudas de toda la vida ni los cortos de deporte, justo a cuatro dedos por encima de la rodilla, junto con las gafas estas fashions y las barbas larguitas, pero arregladas (con el calor que darán en pleno mes de julio con 40 grados a la sombra), parecen ser los uniformes de verano para los hombres jóvenes (y no tan jóvenes).

Las terrazas a la caída de la tarde, con las cerveza bien fría, las risas con los amigos, las visitas unos días a la playa, da igual cual sea, quejarse del calor, de los mosquitos, de la jodía mosca negra que tira unos bocaos que te levanta en el aire, del aire acondicionado del trabajo, o del bar o del súper, para unos muy fío, para otros como si no estuviese...

Las cerezas, los higos, los alberges, los melocotones, los tomates de huerto (placer entre los placeres terrenales), el melón fresquito, la sandía jugosa y dulce, el olor que recuerdo de los pimientos, el calabacín, la patata y la cebolla en la sartén con el aroma del aceite del bajo aragón (la fritada) que  es uno de los placeres veraniegos también...

Hoy estoy como un poco nostálgica, un poco aletargada. Ha comenzado el verano y es hora de dormir siesta.

 

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