Opiniones

Pilar Batanero

Solidaridad


Hemos visto estos días imágenes bochornosas de unos seguidores de un equipo de fútbol, humillar y vejar a un grupo de mendigas en Madrid. Más tarde he leído que en Italia ha pasado otro episodio parecido.
Estos que hacen eso no merecen ningún respeto, y me gustaría que el peso de la ley cayera sobre ellos, cosa bastante difícil, porque son extranjeros y el anonimato del grupo les protege.
Apalear mendigos e indigentes parece que es un deporte en alza. Darle de ostias a un pobre desgraciado que duerme en un cajero porque no tiene ni casa, ni trabajo, ni amigos, ni familia, en muchos casos, parece que no tiene importancia. Como si ese desgraciado no fuera una persona exactamente igual que el agresor.
Desde la seguridad de una casa más o menos confortable, una economía más o menos buena o la seguridad de comida caliente tres veces al día, estos tipos se creen por encima de los que no tienen nada.
Los seguidores del futbol, que han pagado un buen dinero para venir a ver al equipo de sus amores, emplean el tiempo libre en beber y humillar a unas mendigas. Seguro que si les pitan un penalty que creen injusto, montan una marimorena. Porque no les gustan las injusticias.  Deleznable.
Desde siempre se ha ido a por el débil, las risas a cuenta del tonto del pueblo no se han inventado ahora.
En vez de ser solidarios con los que menos tienen, nos apartamos de ellos por si nos pegan algo, y de paso unas risas a su costa no van mal.
Cómo recuerdo ahora una conocida canción de Joaquín Carbonell... La beata. Escucharla si tenéis oportunidad.

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