
¡Qué lástima!
Vivimos de tal manera ahora, que hay que ser perfecto para triunfar. Y con perfecto me refiero a listo, guapo, con estudios (o en su defecto con mucha cara para "triunfar en los realitys televisivos y vivir un tiempo del cuento y de las broncas). Pero sobre todo hay que ser delgado.
Los gordos parece que somos menos inteligentes, estamos menos preparados y valemos para poco.
Todas estas reflexiones las hago por algo que me ha sorprendido muchísimo: Una amiga de mi hijo, la novia de unos de sus mejores amigos, ha muerto. Y ha muerto por la anorexia... Y no ha muerto de hambre, ni esquelética: En los últimos tiempos había engordado 16 kilos y se encontraba muy recuperada. Ha muerto de las consecuencias de esa enfermedad. El corazón se le ha parado.
Una niña de ventipocos años, guapísima, estudiosa, a punto de terminar su carrera, con un novio que la apoyaba en todo y la adoraba, unos padres entregados, unos amigos que la querían, pero que no sentía a gusto con su cuerpo...
Sé que es una enfermedad, que seguramente no tiene que ver demasiado con los estímulos externos que manda la publicidad, pero en vez de enseñar a adelgazar en extremo, a maquillarse para disimular las supuesta imperfecciones de la piel, a preocuparse sólo de lo externo, hay que enseñar a aceptarse, a quererse uno mismo y a sacar provecho de lo que cada uno tiene.
Llevar una talla 42 ó 44 no es una desgracia, ni lo es tampoco llevar una 60, si te sientes bien y estás sano, lo terrible es intentar tener una talla 34 y además no gustarse a si misma... o mismo, que los chicos también la sufren.
Lo dicho, ¡Qué lástima!
