
Y siguen
Hay cosas a las que no te puedes acostumbrar por mucho que las veas, las escuches y las palpes.
No me puedo acostumbrar de ninguna manera a ver a los sirios huyendo de su país en guerra, para salvar la vida, apenas con lo puesto, algo de dinero (el que lo tenga) y mucha esperanza. La cara de los niños, que en general, los ves sin llorar, cansados, sucios hambrientos, con carita de susto. La de los padres seria y muy preocupada, alguna con rasgos de desesperación...
Son hombres y mujeres como cualquiera de nosotros, que hasta hace cuatro días, gozaban de una vida normalizada, con sus casas, sus trabajos, sus hijos en el cole, la familia, los amigos... lo que digo, como cualquiera de nosotros, que por culpa, en última instancia de los radicales, y antes de algunos políticos que gobiernan el mundo, tienen que salir corriendo para no perder la vida. Se han quedado sin casas, arrasadas por las bombas, han visto morir a sus familiares y amigos, han perdido el trabajo y con ello el medio de vida, así que no les queda otra. Al fin y al cabo lo que haríamos cualquiera de nosotros, ¿no?
Pero los gobiernos europeos están asustados, y están cerrando fronteras para ellos y poniendo cupos de entrada. El espantajo de la xenofobia y el racismo asoma y se muestra en todo su esplendor en comentarios de gente que nunca considerarías que lo eran, y miramos a los que van a llegar con recelo y miedo.
Otra cosa a considerar es que los países árabes, ricos en petróleo y dólares, no han solicitado y tomado medidas para acoger a sus hermanos de religión, que se sepa, y no parece que estén tampoco muy dispuestos a ir los que huyen.
Yo no tengo la solución, pero me da mucha rabia los comentarios xenófobos y racistas. Al fin y al cabo sólo son hombres, mujeres y niños.
