
Reyes y Papá Noel
Este puente decidimos ir al centro de Zaragoza a hacer unos recados. Era sábado, hacía frío, pero lucía el sol.
Al pasar con el tranvía por el puente de Santiago vimos a bastantes personas haciendo cola para montarse en la noria que plantaron al lado del Ebro para las fiestas del Pilar y que comenta la prensa que igual se queda definitivamente en Zaragoza.
El Mercado Central se veía lleno. Hay que ir llenando las despensas, las neveras y congeladores de las ricas cosas que estos días comeremos.
La calle Alfonso estaba llena de gente, padres con sus niños camino del gran Belén de la plaza del Pilar, a rascarse los bolsillos para montarlos en un sufrido burrito o en un camello, o para tirarse como de un tobogán gigante desde la fuente de la Hispanidad.
Mucha gente con bolsas que, imaginamos, eran los primeros regalos que se van comprando para estas fechas.
Las luces ya están colocadas desde hace días, los escaparates de las tiendas lucen los adornos navideños, las colas que se organizan ante las administraciones de lotería se hacen más llevaderas porque alguna de ellas reparte chocolate con churros entre sus clientes.
Se nota que se acerca la Navidad, parece que todo el mundo sonríe un poco más. El sol brillante, los niños, la aglomeración de gente, las tiendas llenas…
Nos parecía que este año Papá Noel y los Reyes serían más generosos con todos…
En la calle Don Jaime oímos una música, que en un principio nos pareció que debía de salir de alguna tienda, ya que muchas de ellas habían puesto una alfombra roja, árboles y demás parafernalia navideña en la puerta, pero al acercarnos a una conocida pastelería de esa calle, vimos, sentado muy cerca de la entrada, a un músico, un hombre muy mayor, con su violonchelo tocando en ese momento una triste canción titulada “Mañana de Carnaval”…
En ese momento nos dimos cuenta que no, que de regalos generosos nada de nada, que a Papá Noel y a los Reyes Magos también les han recortado el presupuesto, que van a ser unas navidades austeras, con poco marisco, poco cordero asado y menos turrón. Nos dimos cuenta que tal vez en muchas casas la navidad sólo sea un trago amargo que hay que pasar porque no queda otra, pero sin gastos suntuarios, ni regalos ni comilonas ni nada de nada. Con niños sin juguetes.
Puede parecer que esto lo estoy escribiendo desde la pena y la tristeza, pero en realidad lo estoy escribiendo desde la rabia, por la injusticia tan grande que es que un niño no pueda tener un juguete nuevo en la Navidad…
O un viejo músico una pensión digna para no tener que tocar sentado a la puerta de una pastelería un fría mañana de invierno para sacar unos euros…
La melodía que tocaba (preciosa y muy bien ejecutada) me persigue desde el sábado…
