Opiniones

Pilar Batanero

Melancolía

Hoy se ha levantado en Zaragoza un día de esos melancólicos. Una niebla espesa, húmeda y fría lo cubría todo. Yo, que vivo cerca del río, al asomarme a la ventana no veía las casas de enfrente (también he de decir que igual están a 300 metros).

Al llegar al trabajo llevaba hasta el pelo un poco húmedo.

El día ha seguido igual, y hemos estado refunfuñando al principio de la mañana sobre el tiempo: el frío que ha hecho este invierno, las nieblas, que hacía unos años que no nos acompañaban y este llevan camino de no irse y lo que apagan el ánimo estos días invernales. La falta de luz hace que los días se nos pasen enseguida. Yo salgo de noche cerrada de casa, y la hora de haber vuelto a ella está anocheciendo de nuevo.

También hemos recordado los fríos inviernos de antes, de cuando éramos niños (mira que trabaja gente en la administración, pero en mi departamento andamos todos entre 40 y 55 años), las nevadas, las estufas de leña o carbón, los braseros, los ladrillo refractarios en la cama (las bolsas de agua caliente vinieron luego), el fuego en las casas. Después de un rato nos hemos quedado todos callados y hemos trabajado en silencio, sólo se oía el teclear en el ordenador y el timbre de los teléfonos, que en aquel silencio, casi sobresaltaba. No somos una sección especialmente ruidosa, porque no estamos de cara al público, pero esta mañana de verdad se oía el silencio.

Cuando ha acabado la jornada laboral y ya nos íbamos a casa, mientras nos poníamos los abrigos, las bufandas y los guantes  hemos comentado esto, y en unos momentos hemos llegado a la misma conclusión: Ya vamos contando batallitas de cuando éramos jóvenes, y eso nos hace ser conscientes del hecho de que nos estamos haciendo mayores.

En el autobús de vuelta a casa me ha asaltado la melancolía… ya no soy tan joven, ya tengo una edad, ya tengo historias que contar… y aún me quedan más de 10 años para jubilarme.

Definitivamente, hoy estoy melancólica.

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