
Oro negro , oro liquido
Muchos de nosotros recordamos cuando las minas de carbón eran el principal motor de desarrollo de varias comarcas, los mineros con sus caras manchadas y sus manos dolidas, día tras día bajaban a la mina a por el preciado oro negro, carbón, que calentaba nuestras casas y generaba energía. Pero no hace mucho tiempo las caras se dejaron de ensuciar, se cerraron los túneles que a los adentros de la tierra nos llevaban, pero lo que es peor, el trabajo faltaba en mucho de los hogares de estas tierras.
La reconversión minera desde hacía algún tiempo, a través de los fondos MINER invertía en polígonos industriales e infraestructuras que sin duda han enriquecido nuestro territorio. Pero estos fondos también hablan de recrecimiento de presas y por tanto de modernización y nuevos regadíos, que una vez realizados hará que crezcan las opciones de cultivo, una de los más beneficiados será el cultivo y producción de otro tipo de oro, el líquido.
Hemos cambiado ese oro negro ,por oro líquido( nuestro aceite) hemos cambiado las “ricas “profundidades por la vuelta al cultivo tradicional, pero aumentando y modernizando los regadíos.
En el Bajo Aragón histórico sabemos desde hace siglos lo que es criar un olivo , pero ha llegado la hora de esa rentabilidad que en estos momentos el sistema nos exige.
No sobra decir que este oro líquido es una bendición, pero también nos invaden otras preocupaciones, los agricultores son una especie en extinción, que con gran esfuerzo cuidan los olivos, recogen la aceituna y la llevan a unas, ya, modernas almazaras. Si, esos que hacen posible que ese aceite llegue a nuestras casas, pero a qué precio ? nos tenemos que hacer escuchar, aunando fuerzas y no “reblar” ante recortes injustos que sin duda impedirán la incorporación de esos jóvenes agricultores , futuros descubridores de diferentes privilegios de nuestras tierras.
Mientras tanto sepamos apreciar el oro líquido que produce nuestro Bajo Aragón Histórico, consumamos nuestros productos y participemos en ese relevo generacional que tanto necesitamos.
Uno de aquí.
Ramón Millán.
