
Mi encuentro casual con Gabo
En Madrid, hará unos 18 años, una noche decidí ir a mi tablado de flamenco predilecto: El Corral de la Morería. Cuando llegué, me sorprendió mucho ver a García Márquez solo, sentado junto a una mesa.
Me cerqué a saludarle y él me invitó a sentarme. Hablamos de varios temas pero, principalmente, de nuestra lengua común, y esa charla lingüística me deparó otra sorpresa, todavía mayor, cuando un premio Nobel –Gabo-. manifestó ser partidario de simplificar la ortografía del castellano en lo que concierne a lautilización de0 las g, j, v, b y h, Yo argüí si esto no supondría un empobrecimiento de nuestra lengua. Su respuesta fue incontrovertible, además de contundente: “Mire, amigo, si a un multimillonario le quitan unos cientos o miles de pesos, continuará siendo multimillonario. Nuestra cervantina lengua es tan sumamente rica que estas supresiones no harían mella en su estructura y, con ello, se eliminarían muchas dificultades para las gentes sencillas que no dominan la ortografía castellana”. ¡Chapó, Gabo, descansa en paz!
