Es fácil colegir que el título precedente se deriva de un refrán castellano que reza: “no es lo mismo predicar que dar trigo”. Se dice que la mayoría de los refranes antiguos, que constituyen una síntesis o un compendio de la denominada sabiduría popular, generalmente encierran una gran dosis de verdad, y el aquí referido no es una excepción.
Prometer, prometer y no dar constituye una tónica endémica que ha existido en todos los tiempos y en todas las circunstancias políticas. Se cuenta una anécdota –con escasos visos de veracidad- en la que, en plena República, un candidato a diputado realizó una gira electoral por Castilla la Vieja (la actual autonomía de Castilla-León) y en pleno mitin, enardecido su verbo por los aplausos de los asistentes, dijo enfáticamente: “Y también vamos a construiros un nuevo puente”. Cuando alguien del pueblo dijo al dadivoso político que no tenían río, el orador replicó convencido: “Pues también os traeremos un río…”.
En un plano más real y próximo –las primeras elecciones democráticas posteriores a 1978- Enrique Tierno Galván dijo que las promesas electorales “se hacían para no cumplirlas”. Si se considera que el “Viejo Profesor”, además de marxista era catedrático de ética, uno llega a la conclusión de que de los sermones electorales no puede esperarse gran cosa…
