Opiniones

Raúl Vallés. Vinieron las lluvias

  Estas ansiadas lluvias no llegaron  inopinada e inesperadamente, lo hicieron cuando las cumbres de la sierra de Belmonte/Cañada/Ginebrosa se tornaron borrascosas. Pero antes, los bajoaragoneses, agricultores o no, mirábamos con envidia en los informativos de las televisiones la gran, excesiva, cantidad de agua de lluvia que caía inclementemente en las zonas costeras del Mediterráneo Oriental. Cataluña, Valencia y Alicante vieron muchas de sus poblaciones transformadas en Venecias improvisadas, pero sin barrocas pasarelas ni gondotieros…  En aquellas zonas levantinas  llovió por exceso, lo que  en el Bajo Aragón lo fue por defecto.

Tan gran prodigalidad pluvial resultó perjudicial en varios aspectos: inundación de viviendas, bares tiendas y colegios y, lo que es peor, media docena de víctimas mortales cuyos vehículos fueron arrastrados por las torrenteras sin posibilidad de ser controlados.

Pero, por fin, llueve en el Bajo Aragón, el histórico, el que, en tiempos políticamente lamentables, a punto estuvo de ser declarado cuarta provincia de Aragón… Pero eso es Historia pasada, agua pasada, incluso en períodos de sequía. Porque sequía, realmente seca, es lo que hemos estado sufriendo en nuestra Comarca. La sequedad del terreno era de tal magnitud que, en los terrenos que no tienen acceso al riego de las acequias, peligraba la vida de los árboles, frutales, la integridad de los almendros y la producción de los olivos. También la fauna local, por inexistencia de bebederos, creaba problemas para las aves y los mamíferos menores. 

Pero las tan ansiadas lluvias han llegado al Bajo Aragón y, para nuestro beneficio, no lo han hecho de una forma alocada y destructiva sino con delicadeza, casi con mimo, y su persistencia en el tiempo hace que las finas gotas que forman esta lluvia benéfica, penetren en el terreno, ávido por absolverla en su totalidad, sin que exista una sola gota que, juntamente con otras, formen una correntía, con la consiguiente erosión del terreno. Puedo adivinar el contento de los agricultores cerealistas en cuyos sembrados están apuntando, con fuerza, el trigo y la cebada. Pero para que la recolección en mayo y junio sea una especie de Eldorado productivo, la lluvia debe hacer nuevamente su presencia cuando los sembrados comiencen a granar.  

 

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