
Más que indignados
La gravedad de la CRISIS les ha dejado fuera de juego, el PSOE todavía no ha reaccionado al impacto que a Zapatero le ocasionó que le leyeran la cartilla desde el exterior para indicarle que o tomaba las riendas del país, o España sucumbiría por la presión de los mercados. El Partido Popular en una actuación propia de traidores, abandonó al gobierno a su suerte cuando en el Congreso de los Diputados se reformaba con urgencia la Constitución para adaptarla a las necesidades que la nueva situación imponía; Rajoy y su grupo se abstuvieron, y la reforma salió adelante por un voto que salvó in extremis el resultado de la votación. Ese día me percaté de que el patriotismo de la derecha española es totalmente falso, tan falso y miserable como el programa electoral que luego no ha aplicado Rajoy engañando a todo el pueblo, incluyendo tanto a quienes confiaron en él y le votaron, como a los que únicamente nos habíamos leído su programa. Viendo que la derecha gobierna con mentiras y castigando a las clases más inocentes en la responsabilidad de la crisis, y que el grupo mayoritario de la oposición (PSOE) anda zombi, y el resto de grupos parecen no contar, el futuro no es nada halagüeño. Me siguen preocupando las jóvenes generaciones por su incierto futuro, y me preocupa mucho más la generación que toda la clase política ha asumido como perdida. Con referencia a nuestra provincia, el carbón se ha hecho protagonista y sujeto principal de otra injusticia y falta de rigor y cumplimiento con los compromisos adquiridos y firmados por la administración. Teruel recibe otra pedrada a su débil economía, y esta del carbón puede suponer la pérdida del equilibrio y el derrumbe total de toda la provincia, cual Goliat derrotado y abatido por la piedra lanzada por David. Es el pueblo quien debe reaccionar y reconducir la grave situación económica y social, indicando a la clase política que la época de la modorra y de las grandes comodidades ha tocado a su fin. O se ponen las pilas o recibirán una contundente respuesta de un pueblo que de momento calla, pero puede pasar del silencio indignado a una contundente respuesta.
