Opiniones

Rogelio Meseguer. La mentira

Resulta bastante increíble que quienes debieran ser ejemplares en sus actuaciones, nos vayan minando la credibilidad en el sagrado espíritu de la democracia. Desde el "Otan, de entrada no" de hace varias décadas hasta el "No subiremos los impuestos" de hace pocas semanas, hemos tenido cientos de ocasiones en las que sin el menor atisbo de duda podemos declarar que la clase política -toda-, hace uso y abuso de la mentira constantemente, y con la mayor impunidad. Los lectores recordarán que la ex vicepresidenta del Gobierno María Teresa Fernández de la Vega declaró que el Gobierno socialista construiría la A-68 desde Zaragoza pasando por Alcañiz; el tiempo se ha encargado de ser testigo mudo de una falacia que duele y avergüenza. Igualmente recordarán que un ex senador manifestó que el Ayuntamiento de Alcañiz procuraría los terrenos para el nuevo hospital "Cueste lo que cueste"; lo único cierto es que 'su' ayuntamiento no cumplió con lo prometido, y tendrá que ser otro equipo de gobierno municipal el que tenga que cumplir lo no cumplido. Estamos más que hartos de ver que la clase política sufre un gran desprestigio y más falta de credibilidad, y todo ello porque se promete mucho y apenas se cumple nada. De ahí que la brecha entre la ciudadanía y la clase política sea más profunda, por el negativo efecto del abuso de la mentira por parte de quien debería ser más ejemplar y menos falso. No es de recibo que la clase política elegida por el pueblo mienta con tanta frecuencia, y se provea de una arrogancia que la distancia de las bases sociales, que creyeron y confiaron en las que después resultan ser falsas promesas emitidas en campaña electoral. Estos y otros ejemplos no edifican nada positivo ni generan ninguna confianza, allá aquéllos que no aprecian el valor del compromiso con el pueblo, le mienten, y lo desprecian.

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