Opiniones

Rogelio Meseguer. La tajada democrática

  Tras treinta años de estado democrático, una crisis de caballo ha venido a dejar con las vergüenzas al aire el pobre esqueleto que sustentaba todas nuestras instituciones. La democracia ha sido el mejor periodo político de España para que todo tipo de desaprensivos, arribistas, trepas, y gente con poca formación política, se hayan aproximado a sus fuentes para atiborrarse y generar su anterior inexistente patrimonio. La democracia ha sido usada por muchos para salir de su triste y aburrido anonimato y presentarse ante la sociedad como genios de la política, política parda, política triste que no ha superado la primera prueba del algodón, han colocado a todo tipo de parientes, amigos, y allegados para atarlos cortos en el pesebre de la dependencia política para subsistir. Durante décadas no se han configurado las instituciones para que pudieran detectar cualquier tipo de alarma, el caso más notable es el Banco de España, que miró hacia otro lado cuando el crédito se concedía con una alegría irresponsable que tantos problemas nos está acarreando, se hizo ciego para no ver las cantidades ingentes de dinero con el que los bancos comerciantes llenaban las irrazonables demandas de un consumidor que llegó a pensar que vivíamos en un país rico y libre de padecer graves trastornos económicos. El número de instituciones y empresas públicas se ha disparado hasta lo irrazonable, dotándolas de exageradas plantillas de funcionarios sin función, que en la actualidad son insostenibles. Felipe González ha indicado en varias ocasiones que ciertas instituciones se tienen que desmantelar por ser innecesarias, duplican la gestión, y resultan caras por inútiles e innecesarias. Hay que entrar con la tijera para realizar los recortes imprescindibles que hagan de la Administración algo ágil, útil, y no resulte un dispendio injustificable en un tiempo en el que se siguen cerrando empresas por no tener acceso al crédito, no poder cobrar sus facturas, y estar castigadas a abonar un IVA que no cobran. El mensaje que se envía a quienes puedan tener que rescatarnos no puede ser más negativo, irresponsable, y peligroso.

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