La legislación española establece la mayoría de edad a los 18 años. Cumplida esta edad adquirimos automáticamente un nuevo estatus jurídico mediante el cual conseguimos ciertas libertades y responsabilidades (ambas van de la mano). Una de estas es que somos responsables legales de nuestros actos; somos adultos y dueños de nuestras vidas.
Ser responsable legal presupone que podemos distinguir lo bueno de lo malo, es decir, que por un lado conocemos lo que se puede hacer y lo que no, y, por el otro, tenemos la capacidad de discernir lo provechoso de lo perjudicial.
¿Se puede hablar de sociedades adultas?¿En qué casos?¿Presupone algo esta mayoría de edad?
Está claro que no hay ningún mecanismo que convierta a un pueblo en adulto. Cuando una comunidad lleva existiendo más de 50 años, o de 500, no vienen los dirigentes y dicen: bueno ahora que ya son mayorcitos vamos a dejarles decidir por su cuenta y dejar de forrarnos a sus expensas. ¡Ni en las peores pesadillas de los políticos pasa eso!
Que este paso no sea automático quiere decir que no presupone nada. También significa que ese estatus no se regala: ¡hay que luchar para conseguirlo! (para los mal pensantes: no estoy hablando de violencia)
Una sociedad adulta es aquella responsable de sus actos, aquella que elije, que arriesga este o aquel camino. Para poder elegir hay que tener el poder y la voluntad de tomar las propias decisiones. No basta con querer, hay que poder; aunque todo poder requiere un querer previo.
Lo común en la sociedad española ha sido un pasotismo e indiferencia infantil hacia los asuntos políticos. Les dejamos la responsabilidad de guiarnos al tiempo que les otorgamos la libertad de lucrarse corruptamente y quedar impunes. Si algo bueno nos ha traído esta crisis es que empezamos a dejar de creer en los Reyes Magos. Empezamos a rebelarnos como adolescentes que quieren independizarse. Estamos hartos de tantas mentiras, de que jueguen con nosotros. Queremos tener las riendas de nuestro destino. En el norte de África contemplamos la misma indignación que en el rostro de nuestro vecino. En Islandia tenemos el ejemplo perfecto de cómo una sociedad consigue la mayoría de edad pacíficamente.
¿Vamos a quedarnos de brazos cruzados esperando como ovejitas el siguiente 6 de enero?
