Ante la situación actual no hay día que pase sin que se hable de política y economía, de la bondad o maldad de tal o cuál reforma, de la conveniencia o no de manifestarse, de las soluciones propuestas por la UE, las cargas policiales, etc.
Hay una diversidad de opiniones, diferentes alternativas y propuestas para salir adelante. La mayoría de ellas se podrían dividir en dos grupos: (A) aquellos que no están de acuerdo con las medidas tomadas por el gobierno (el actual y el anterior), proponen salir a la calle para hacerse oír y protestar ante lo que consideran un recorte masivo de sus derechos. El segundo grupo (B) engloba a los que confían en las soluciones dictadas desde Europa, proponen un esfuerzo conjunto ante los nuevos recortes ya que, dicen, son necesarios. Apretarse el cinturón, echarle imaginación al asunto, ahorrar, buscar trabajo y dejarse de vaguerías tales como protestar y manifestarse, es parte de su receta.
Considero legítimas ambas opiniones, aunque pueda estar más o menos de acuerdo con ellas; sin embargo, no puedo ni tragar a aquellos que para defender su postura descalifican a los demás.
Hay quien llama facha a los del grupo “B”, creyendo que así les quitan toda la razón. A esos yo les digo: es comprensible que una persona que tenga trabajo defienda sacrificarse y trabajar en condiciones deplorables como solución a la crisis. También puedo entender que un empresario (o emprendedor, que queda más bonito) esté contento con el nuevo marco legal, ¿quién no lo estaría? Tanto el empresario como el de “cintura prieta” tienen todo el derecho del mundo a creer en lo que quieran, apoyar las medidas del gobierno no los convierte en fachas.
También están los que acusan a los del grupo “A” de vagos, quejicas, fiesteros y perroflautas. Yo les pregunto,¿cómo se puede llamar vago a un padre de familia que, ante la falta de trabajo, sale a la calle a reclamarlo?¿De verdad creen que la causa de que haya tanto paro juvenil sea las pocas ganas de currar de la juventud?¿Se puede llamar quejica a un trabajador que, cuando ve que le recortan derechos y más derechos, sale a protestar?¿Cómo llamar perroflauta al que lucha por su dignidad?
En mi opinión, el debate popular es una buena herramienta para crear alternativas; sin embargo, cualquier provocación nacida de la descalificación o el insulto, no sólo va a generar la indignación y el odio correspondientes, sino que también contribuye a confundir la realidad. Que el diálogo no se agote entre aquellos que no piensan igual.
