
Respeto, pero no comparto
Parece que estamos en un mal sueño, que hemos retrocedido 40 y estamos inmersos en aquella sociedad necesitada de libertad, con miedo a expresar sus ideas libremente, en la que no puedes manifestarte contra una ley o iniciativa que consideras que es perjudicial para los intereses de la mayoría, so pena de que unos funcionarios del estado, encargados de conservar el orden público, te muelan a palos en plena calle escudándose en que la ley son ellos y la aplican en su justa medida. Una sociedad en la que unos señores desde sus sillones suben el precio de la energía hasta el punto que los ciudadanos no la pueden costear. Una sociedad en la que unos pocos se amparan en su libertad de conciencia para limitar la libertad individual de decisión de miles de mujeres. Una sociedad regida por la moral impuesta por un pequeño sector conservador de la sociedad, al que se aferra la jerarquía eclesiástica para mantener su poder sobre la educación de las generaciones venideras, la formulación de leyes para salvaguardar una moral como la que quisieron imponer a toda costa a toda una sociedad durante el siglo pasado.
Todo esto eran aspectos que hasta hace bien poco se estudiaban en los libros de historia; quedaban ya muy atrás aquellas historias que contaban de los famosos viajes a Londres, que sólo podían hacer las hijas de aquellos que tenían posibles, que no iban casualmente ni aprender ingles ni a comprar recuerdos de su visita a Harrods: iban simple y llanamente a abortar.
Todavía hoy, en pleno 2014, no puedo comprender cómo se puede utilizar un ministerio como un púlpito de iglesia para hacer retroceder a un estado de derecho en asuntos sociales, en la sanidad y la educación pública, en la cuestión de la aconfesionalidad del estado o en los derechos de las mujeres.
Dentro de lo extraño, lo más insólito, inclusive descabellado, es que algún representante político de la izquierda, esa izquierda que siempre ha abogado y luchado por que el ciudadano tenga la máxima libertad y que nadie juzgue sus decisiones ni que le impongan una moral diferente a la suya propia, se ampare en cuestiones morales. No llego a comprenderlo. No comprendo qué puede haber en común entre Antonio María Rouco Varela y un concejal de IU.
Siempre he pensado que tener libertad para hacer algo no significa que obligues a hacerlo, por lo tanto si das libertad para abortar, otorgas la libertad a la persona para decidir, no estás obligando a nadie a hacer algo contra su voluntad, cosa que sí se hace con esta nueva ley.
Lo dicho, respeto, pero no comparto.
