
Repasando esta semana algunos términos históricos a consecuencia de la magnífica conferencia a cargo del profesor y mentor Julián Casanova, que dio este viernes en su Valdealgorfa natal. Donde impartió una excepcional charla sobre el bicentenario de la constitución de Cádiz, una de las más antiguas del mundo, solo superadas por la francesa y la estadounidense: donde ya aparecían conceptos como la separación de poderes, la libertad de prensa, de opinión o la supremacía de la voluntad popular sobre la de cualquier gobernante. Allí volví a recordar el concepto, cacique, vocablo utilizado para designar a personas de gran influencia en territorios rurales de España. Su significado actual tiene dos extensiones:
• Dominación o influencia del cacique de un pueblo o comarca
• Intromisión abusiva de una persona o una autoridad en determinados asuntos, valiéndose de su poder o influencia.
El caciquismo se consolidó en España durante la Restauración, época que se caracteriza por un sistema de alternancia política en el que liberales y conservadores ejercían el poder mediante la variación sistemática, donde no había más posibilidad de gobierno que ese bipartidismo cerrado e institucionalizado que asfixiaba a cualquier otra opinión u opción política. Los caciques se encargaban de controlar los votos de todas las personas con capacidad para ello en su localidad. Podían ser personas con poder político o económico, y que gracias a él crean a su alrededor un séquito de personas y familias que trabajan y dependen absolutamente de él en todos los ámbitos. Tiene en la localidad una influencia que deriva de su control sobre las decisiones de la Administración, Cocenjos, Ayuntamientos, Comarcas o Diputaciones Provinciales. La base de su poder no habría residido por tanto en su posición económica, sino en su control de estos estamentos administrativos; Ese dominio de los mecanismos administrativos habría permitido al cacique la creación y el mantenimiento de un patronazgo, posible gracias a la distribución discriminatoria de favores de todo tipo que beneficiaba a sus fieles y que gracias a él obtenía el poder político. La inmunidad del cacique respecto a los Gobiernos Centrales deriva del hecho de que él es el jefe local de su partido, siendo los gobernantes también altos cargos del propio partido. En general se ha enfocado el problema del caciquismo como de carácter esencialmente político y predominantemente electoral. Pero realmente transciende más allá, demostrando que es algo de mayor calado, hundiendo sus raíces de control en el ámbito social, económico y productivo de cualquier pequeña sociedad rural, donde el control puede realizarse de manera más facil y férrea. Se podría resumir en una sociedad que se regía por el clientelismo.
Recapacitando sobre estos términos no parece tan lejanas y olvidadas las formas de organización social y política del mundo rural del XIX y del XXI en algunas zonas rurales de Aragón, donde un grupo limitados de personas que dominan los órganos de decisiones y empresas publicas que afloran a su sombra, tienen bajo su tutela y amparo a una parte de la población que se ven vinculados a esa persona para poder mantener u obtener un deseado puesto de trabajo. Lo curioso es que, todos estos término que eran el pan de cada día en la España rural del siglo XIX, hábitos que ya se creían desterrados y eliminados del entorno político y social actual en el que hemos crecido y vivido. Mirando detenidamente este mundo rural en el que nos hallamos, parece que aún quedan más restos del siglo XIX de los que nos creemos y menos del siglo XXI. Que no es tan moderna y abierta como consideramos. Es algo para recapacitar, ¿Estamos tan avanzados democráticamente como nos creemos en el mundo rural?
