
El pausado Camino Inglés. “Ese gran desconocido” (1)
El Camino Inglés es el más desconocido de todos los caminos que llevan a la Ciudad de Santiago. Es el itinerario menos frecuentado y una de las pocas rutas jacobeas aún por descubrir, debido a un olvido secular que ha hecho de éste itinerario la alternativa ideal para los que buscan una experiencia auténtica, al margen de las masificaciones y carreras, que desborda al Camino Francés (camino principal de la ruta jacobea) para llegar al próximo albergue.
Menos del 2% de los peregrinos que llegan a Compostela escogen esta ruta milenaria y dual, marítima y terrestre, rural y urbana. He ahí buena parte de su encanto.
El Camino Inglés tiene dos ramales que salen de A Coruña y Ferrol, para confluir en Hospital de Bruma, aunque sólo el tramo que tiene su origen en Ferrol permite obtener la Compostela, el documento que acredita el peregrinaje, al superar ligeramente los (118K) cien kilómetros exigidos por la Iglesia. El trayecto desde A Coruña es más corto (72k) aunque no son pocas las voces que reclaman que, atendiendo a su importancia histórica se conceda también a los peregrinos que hagan ésa variante, y que quieran acreditarla con un papel, el famoso documento. (La Compostela)
El recorrido del Camino Inglés permite conocer en pocos días lo mejor de la Galicia urbana y rural, al arrancar desde el mar, siempre parte esencial de la vida del país, para internarse después tierra adentro. Posee además, un singular atractivo histórico, simbólico y monumental, así como un enorme potencial gastronómico, que se debe paladear con calma, lentamente. Es ahí donde nace de nosotros la filosofía slom way: “El caminante se apartará despreocupadamente del camino recto donde haya algo hermoso que examinar o la promesa de una vista más amplia. De modo que hasta un rosal silvestre puede condicionar y deformar de forma permanente el Camino”
Quizá los valores singulares más importantes del Camino Inglés sean su carácter de camino poco transitado, así como su poca distancia de Compostela, que es fácilmente asumible. La soledad, sólo rota ocasionalmente por el encuentro con otros peregrinos, algo más probable en verano y semana santa, es uno de los atributos diferenciales de ésta ruta que nos permite profundizar en ése viaje interior que todo caminante experimenta por el simple hecho de tener la perspectiva que proporciona ver la vida con el ritmo que marcan nuestros propios pasos.
Todo invita a un camino lento y disfrutado, pero siempre cocinado a fuego lento, paladeado, masticado, ya sea en un entorno urbano o rural, marítimo o terrestre.
Si os gusta, seguid la publicación quincenal….,continuará.
BUEN CAMINO
