Opiniones

Teresa Ros. A Eduardo Egea

Acabo de enterarme de que te has ido y no consigo asimilarlo. Te veo en nuestra querida Plaza de España, sentado en una de las mesas del París, haciéndome un gesto con la mano para que me acerque a tomar un café contigo y echar una charradica. '¿Cómo estás? Bien ¿Y tú? Bien también. Eso es lo único importante, que tú estés bien'. Parece una conversación estándar, pero recuerdo con qué intensidad te interesabas por que yo me encontrara bien. 'Algunas cosas que te pasan en la vida te hacen pasarlo mal, pero a la vez te fortalecen y te permiten afrontar mejor otras que vendrán después', reflexionábamos.
Te veo en tu masico, haciendo esto y aquello, y sobre todo, disfrutando de la paz y la tranquilidad que ofrece el campo en compañía de tu familia. Siempre preocupado por las cosas de Alcañiz, pero aprendiendo a verlo todo desde una cierta distancia, con la perspectiva que da el paso del tiempo. Ahora nos has dejado demasiado pronto. Yo seguiré viéndote pasear por las calles de Alcañiz, te recordaré en casa, cuando mire los impagables dibujos de la ciudad que un día me regalaste, imagino que con la intención de que aprendiera a amarla un poco más, reviviremos momentos pasados cuando pueda acercarme a darle un abrazo a tu querida Mª Ángeles... Querida familia, comparto vuestro dolor, y me quedo con los buenos momentos que pasamos juntos porque, como decía Eduardo, eso es lo que importa. Descansa en paz.

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