Del 6 al 8 de octubre se celebró en Málaga la Convención Nacional del Partido Popular en la que se empezó a perfilar el programa con el que esta formación política se presenta a las próximas elecciones generales. Más que a lo que allí se dijo, quiero referirme a las sensaciones que se percibían.
El sábado, en la clausura, se tuvo que ampliar el recinto que se había utilizado los días anteriores con más gradas. Aún así no se cabía. Mucha gente tuvo que conformarse con ver las intervenciones de Javier Arenas y de Mariano Rajoy desde la zona de la entrada en las pantallas que se habían colocado a tal efecto, ya que no se podía acceder al recinto al estar todos los pasillos abarrotados de público.
El entusiasmo, la ilusión y la esperanza se veían en las caras de todos los asistentes. En más de una de esas caras vi también lágrimas. Y es que no es para menos, con la que nos ha caído en todos estos años. Por fin se ve una luz al final del túnel. Con el Partido Popular volverá el sentido común al Gobierno de España, y en estos momentos es lo que más necesitamos. Atrás quedan estos ocho años en los que, en mi opinión, hemos sufrido las graves consecuencias de tener un presidente del Gobierno que no estaba ni remotamente preparado para ello, independientemente de sus ideas políticas. El peor presidente del Gobierno de España en la etapa democrática está a punto de abandonar la Moncloa. Bienvenido sea su sustituto.
