Opiniones

Virgilio Aljama. Lo más sencillo

En los últimos tiempos ando con un poco de estrés y eso que yo de religión soy tranquilo practicante, aunque no lento. Es que, a pesar de que me dicen una y otra vez que estamos en crisis, yo veo a este país seguir tranquilo y estar coflado viendo el fútbol mientras  los que antaño ya robaron ( dicho por jueces como el caso de Convergencia y Unión u otros... ) están ahora otra vez en el poder, siguiendo el conformismo a pesar del los indignados.
Con el avance de las nuevas tecnologías, ya se viene sabiendo que la mano de obra no es necesaria para obtener el fruto de la tierra, sus materias primas o para fabricar cosas de primerísima necesidad que nunca habíamos necesitado, la clase obrera sobra entera en un futuro que diseñan para nosotros los dirigentes, y que, por ejemplo, tener una yogurtera es esencial, pero como vamos a dejar pasar una oferta de yogures si son los que a mi más me gustan, o licuadora, y ese zumo de naranja que ha sacado “TalCual”, y así sucesivamente. Os diré que, en mi casa, se exprimen las naranjas sin licuadora, se hacen conservas de productos de un trocito de huerta que cultivo durante dos horas semanales o del bosque cuando es temporada de setas, o mermeladas de frutas o frutos silvestres, se buscan frutos secos que si no se caen al suelo y se pudren porque no los coge nadie y no se va siempre de compras al supermercado, solo a por lo que no hacemos en una casa ( de momento.... ) que, aunque no le falta de nada mi casa tiene el aspecto y la paz de aquellas casas de campo donde una estufa de leña, hace las veces de hogar y de cocina, se hacen siempre faenas domésticas, que lejos de ser de mujeres, son de personas. A veces, para guardarlas, secamos unas cosas, otras las metemos en frascos al vacío, otras las congelamos  y las metemos en un arcón congelador y así, como el que no quiere la cosa, vamos amasando nuestra fortuna además de nuestro pan cada día, cada semana, cada mes y cada año. Y nuestra fortuna asciende a comer, como guisaban las abuelas o como los nuevos cocineros fantásticos, a beber los vinos de la tierra de España a granel, a luchar cada día por tener más tiempo para estar juntos, contándonos las cosas de lo cotidiano. a recordar a los que ya nos faltan, a cuidar a los que nos quedan y dar apoyo a los que nos vienen empujando. Todo esto en una gran mansión de 78 metros cuadrados de amor, donde el dinero, a veces  solo sirve para pagar los servicios a las grandes empresas ( luz, teléfonos, agua, recogidas de basuras, e.t.c.... , ) e impuestos para que nos olvide el estado.

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