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La cocina de las noticias
Es incuestionable que cada día sufrimos más intoxicación disfrazada de noticias, pero con falsos titulares, medias mentiras o directamente mentiras bien cocinadas, pero falsas a la postre.
Es este contexto el valor de pensar, reflexionar y llegar a nuestras propias conclusiones, adquiere un doble valor: bien porque es cada día más complejo discernir las mentiras y bulos de la realidad que nos deberían narrar y por ende resulta arduo, complejo y agotador, en algunos casos, poder forjarse cada uno una opinión basada en los hechos y no en las opiniones que nos quieren imponer.
De esta manera, puede acabar siendo un ejercicio incómodo cuestionarnos las grandes verdades que nos venden, incluso las que pueden ser afines a nosotros, porque el hecho de analizar la información que recibimos nos obliga a dudar y ser críticos. Además de tener que soportar el gran torrente de memes que circulan diariamente por nuestro móvil o salpican las redes sociales. Haciendo que la presión de alrededor nos pueda obligar a claudicar y dejarnos arrastrar por una u otra mentira, bien cocinada y diseñar que nos vociferan, con entusiasmo en la barra de bar o nos llega por Whatsapp.
Pero aunque nos parezca nueva esta situación, ¿realmente es nueva o ahora somos conocedores de que la mentira coquetea (y siempre lo ha hecho) en muchas ocasiones con las noticias? Y en consecuencia, ¿tenemos esa voluntad crítica de no dejarnos arrastrar por las noticias cocinadas, o nos dejamos llevar por ellas y la presión social que genera en muchas ocasiones, renunciando al valor de pensar?
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La cocina de las noticias
Es incuestionable que cada día sufrimos más intoxicación disfrazada de noticias, pero con falsos titulares, medias mentiras o directamente mentiras bien cocinadas, pero falsas a la postre.
Es este contexto el valor de pensar, reflexionar y llegar a nuestras propias conclusiones, adquiere un doble valor: bien porque es cada día más complejo discernir las mentiras y bulos de la realidad que nos deberían narrar y por ende resulta arduo, complejo y agotador, en algunos casos, poder forjarse cada uno una opinión basada en los hechos y no en las opiniones que nos quieren imponer.
De esta manera, puede acabar siendo un ejercicio incómodo cuestionarnos las grandes verdades que nos venden, incluso las que pueden ser afines a nosotros, porque el hecho de analizar la información que recibimos nos obliga a dudar y ser críticos. Además de tener que soportar el gran torrente de memes que circulan diariamente por nuestro móvil o salpican las redes sociales. Haciendo que la presión de alrededor nos pueda obligar a claudicar y dejarnos arrastrar por una u otra mentira, bien cocinada y diseñar que nos vociferan, con entusiasmo en la barra de bar o nos llega por Whatsapp.
Pero aunque nos parezca nueva esta situación, ¿realmente es nueva o ahora somos conocedores de que la mentira coquetea (y siempre lo ha hecho) en muchas ocasiones con las noticias? Y en consecuencia, ¿tenemos esa voluntad crítica de no dejarnos arrastrar por las noticias cocinadas, o nos dejamos llevar por ellas y la presión social que genera en muchas ocasiones, renunciando al valor de pensar?
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Este San Jorge es nuestra oportunidad
En estas horas previas a San Jorge (cuando estoy escribiendo esta columna) me viene a la mente muchas de las carencias y necesidades que presenta Aragón a día de hoy.
Tal vez la novedad sea doble esta vez, por una parte debemos elegir un gobierno en Madrid que entienda que Aragón no es un territorio ni invisible, ni moneda de cambio y por otra parte, hace unas semanas visibilizamos la lucha de la España Vaciada. El último grito de unas regiones que se ahogan en sus dificultades sin que en 40 años ningún gobierno central o autonómico haya respondido por sus necesidades. Ni el PSOE, ni el PP, ni los partidos bisagra regionales han luchado por evitar la despoblación, la carencia de infraestructuras y de servicios públicos básicos, así como la implementación de un plan económico para reflotar la economía y garantizar el desarrollo de estas comarcas.
Como decía, con estos ingredientes no puedo evitar pensar que ya son 15 años los que llevo trabajando en esta comunidad y he visto, cómo gobierno central tras gobierno central y cómo un gobierno regional tras otro han ninguneado y olvidado las grandes necesidades estructurales de esta comunidad.
Seguimos esperando que llegue el desdoblamiento a Alcañiz, que se liberen los infames peajes hacia Navarra y el de la A2 que salpican de sangre y accidentes las vías. Necesitamos que apuesten por vertebrar Aragón de forma decidida, sin eliminar transporte público rodado, sin obviar las carencias en comunicaciones que hay en muchas comarcas, sin olvidarse de que hay municipios en los que los servicios públicos no llegan o están a más de una hora. Queremos vivir en nuestros pueblos y tener un futuro. Queremos tener un futuro en base a una economía moderna y sostenible medioambientalmente.
No queremos vaciar nuestras localidades y volver solo para las fiestas patronales.
Yo elegí vivir en Aragón, elegí vivir donde vivo y quiero tener los servicios necesarios. No somos ciudadanos de segunda clase. No queremos migajas de unos presupuestos, ni un presidente autonómico que solo mire a Madrid, mientras libra sus batallas internas.
Sin duda, esta semana tenemos la oportunidad de elegir una nueva forma de gobernar, que responda ante los aragoneses.
Es el momento de pensar que los gobiernos anteriores no nos sirvieron, pero que tampoco queremos abrir la puerta a nuevos trasvases del Ebro, como anuncia la derecha liberal y ultraderecha.
Es el momento de votar el cambio que presente a Aragón como una tierra innovadora, orgullosa de sí misma y progresista.
Por eso, no me resigno a que mi voto no cuente. Quiero que mi voto signifique el cambio. Ese cambio en el que se ponga a Aragón en el centro de las políticas, porque somos una tierra con enormes posibilidades y con ganas de demostrarlo.
Este domingo nos jugamos el futuro de Aragón.
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El folio en blanco
Lo reconozco esta semana ando con cierto desasosiego. No encuentro el catalizador que me haga acertar con la idea, el tema, o la frase que me de alas para escribir la columna. No es por pereza, siempre me ha divertido y lo he hecho con gran placer. Además de un privilegio poder expresar mis ideas (o locuras algunas) en un medio de comunicación.
Pero esta semana ha sido diferente, tal vez yo he estado distraído, sin prestar atención a que se haya reabierto el debate de la eutanasia. Tal vez tampoco haya reparado que Pablo Iglesias con su retorno ha vuelto a marcar la agenda política, y como un tsunami ha levantado algunas alfombras y ha mostrado las vergüenzas de muchos poderosos y de las cloacas del Estado. Puede que no me haya fijado en la campaña de tono bajo del PSOE, para que todo pase sin que pase nada y pueda intentar recoger el máximo rédito a su larga campaña electoral, que inició cuando llegó a La Moncloa. O que su mayor anhelo es pactar con Ciudadanos, dejando muy claro que de socialdemócrata ya tiene muy poco el PSOE.
Tal vez ande despistado y no repare en las turbulentas aguas que bajan en algún PSOE local, o me de demasiada pereza escribir sobre ello. Cómo era eso: de aquellos polvos, estos lodos.
Puede que sea eso, puede que ande despistado y esté pensando en las vacaciones de Semana Santa, con su puente, sus torrijas aderezadas de torreznos y un moscatel para acabar.
Eso sí, prometo volver con un folio tan lleno de ideas, como mi tripa de torrijas a la vuelta de Semana Santa.
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¿Vuestras esperanzas, nuestra fuerza?
Estaba estos días revisando los carteles y vídeos de las elecciones sindicales que tenemos en el Servicio Aragonés de Salud, este próximo jueves, y hubo varios vídeos de diferentes sindicatos que transmitían el mismo mensaje; hay un vosotros (los trabajadores) y un nosotros (el sindicato en cuestión).
Este mensaje, parte de una premisa falsa; no debería haber dicha distinción, porque los sindicatos no son un ente externo al SALUD, en este caso, si no que emanan de los trabajadores y los delegados que salgan, son trabajadores, a su vez.
Además al establecer una diferenciación entre un nosotros y un vosotros, de forma más o menos tácita, denota una escasa implicación en los problemas del SALUD, y nos dicen que los sindicatos no comparten esa problemática que dicen defender. Solo usan las elecciones para nutrir sus intereses, y negociar, esos cuatros años, con las carencias profesionales y estructurales del SALUD hasta las próximas elecciones.
Defiendo esta tesis porque votar no es una delegación de mis deseos, necesidades o iniciativas. Si no una corresponsabilidad y compromiso por ambas partes en que defendemos un proyecto común, y todos vamos a luchar (en la medida de las posibilidades y capacidades) y colaborar para llevarlo a cabo.
Este no es un caso ajeno a nuestra realidad social. Durante esta primavera, vamos a tener varias citas electorales y entre los posibles usos del lenguaje que usen para engatusarnos con cantos de sirena, este será uno de ellos.
En consecuencia, la solución a una necesidad o problema solo vendrá, por quien se implique en conocer y elaborar de forma conjunta, junto con los implicados y sin distinguir entre un "nosotros" y un "vosotros".
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La enseñanza del 8M
A estas horas de este 8 de Marzo, cuando son las 23:50 y repaso un día que debería marcar otro paso más en la lucha para obtener la igualdad entre hombres y mujeres, en definitiva, un paso más para conseguir una sociedad más justa. Me quedo con diferentes escenas; el entusiasmo de muchas adolescentes que se sabían protagonistas de una gran manifestación (seguramente su primera manifestación), los cánticos que cohesionaban la amalgama de personas que hemos salido a la calle hoy para protestar contra la injusticia: mayores, jóvenes, familias con hijos y padres primerizos. Grupos de mujeres y amigas jubiladas.
En esta heterogeneidad nos hemos sentido todos cómodos y respaldados unos por los otros y no nos hemos cuestionado que la compañera de cánticos fuese asiática ,argelina o de Torrero. Puesto que lo importante era el objetivo de la lucha y la fuerza que transmitíamos como colectivo. Y en esta base precisamente, es donde hemos sido fuertes y nos hemos sentido fuertes; siendo un grupo, luchando como tal y defendiendo estos principios, desde esa perspectiva.
Ahí es donde reside la fuerza de la clase obrera, sabiendo que somos un colectivo diverso, pero con unos mismos objetivos, y aunque, nuestros modos puedan ser diferentes, en el fondo, deseamos y luchamos por lo mismo: queremos una sociedad más justa, más libre y con más futuro.
Esta debe ser nuestra grandeza y no debemos olvidarla, porque solo así conseguiremos la victoria en las batallas diarias, y en la lucha final (como dicen las viejas tonadillas).
Porque estando unidos, seremos fuertes, seremos más y no caeremos en la incertidumbre.
Porque estando unidos podemos conseguir una sociedad que responda a las necesidades de los trabajadores, más justa y con menos desigualdades sociales.
