• Autónomos, obligación de cotizar y cese...

    Autónomos, obligación de cotizar y cese de actividad durante la pandemia de covid-19. Análisis crítico

    Tras decretarse el estado de alarma por el Gobierno, se dicta el RD-Ley 8/2020, de 17 de marzo, de medidas extraordinarias para hacer frente al impacto económico y social del COVID-19 que, en lo que a los trabajadores por cuenta propia se refiere, establece una prestación extraordinaria por cese de actividad que importa el 70% de su base reguladora, y el tiempo del percibo de la prestación se entiende como cotizado, quedando exonerados de abonar la cuota mensual. Esto únicamente para los autónomos cuyas actividades quedan expresamente suspendidas durante el estado de alarma.

    A modo de ejemplo, por citar algunos significativos, se trata de trabajadores por cuenta propia que prestan sus servicios en restaurantes, bares, cafeterías, teatros, cines, gimnasios. El resto de autónomos, para tener derecho a esa prestación por cese de actividad, deben acreditar que su facturación, en el mes anterior a la solicitud de la misma, se vea reducida al menos en un 75% en relación con el promedio de facturación del semestre anterior.

    Esta prestación sólo tiene duración de un mes o hasta que finalice el estado de alarma. La cuestión es ¿quiénes y cuántos autónomos van a poder trabajar y recibir a su clientela durante el estado de alarma, cuando las autoridades sanitarias están ordenando que cese todo contacto físico entre personas, en evitación de contagios? Resulta patente, además, que los locales comerciales deben permanecer cerrados al público.

    ¿Cómo trabaja un autónomo en una población con importantes restricciones en el transporte público y privado y en la movilidad de personas?, ¿o con falta de suministros que le impidan el desarrollo ordinario de su actividad, en un contexto de aislamiento preventivo decretado por las autoridades sanitarias?

    Los pequeños negocios, tiendas y oficinas de todo tipo van a correr un grave peligro de supervivencia.

    En mi humilde opinión, el Gobierno del Estado y también los de las CCAA se encuentran obligados a un esfuerzo mayor con este colectivo de trabajadores.

    La prestación por cese de actividad temporal no es tan extraordinaria. Ya se encontraba regulada, ciertamente como cobertura voluntaria, en nuestra Ley General de Seguridad Social.

  • Patria

    La patria de esta columna de opinión no es la adinerada patria vasca de la premiada novela de Aramburu. Ésta es territorialmente poco significativa, apenas la mitad de nuestra provincia de Teruel. Tampoco es la patria de esta columna, aquella adinerada república que nunca fue, en el noreste de la península Ibérica. Nosotros habitamos una yerma tierra al sur de los Pirineos Centrales, en un territorio mucho más extenso que aquella no república sin presidente. Soñamos que nuestra patria sea Europa, hasta los Urales, la que nos trajo la política agraria comunitaria y los fondos europeos abonados por franceses y alemanes. Hoy, constitucional, política y jurídicamente nuestra patria es España, una Nación que se forjó alimentando a los nacionalismos citados y a las grandes urbes.

    Ahora interesa el interior de esa nación habitada por nuestros vecinos leoneses, zamoranos, palentinos, abulenses, segovianos, conquenses, guadalajareños, sorianos, riojanos, turolenses, oscenses -sin duda-, al noroeste orensanos y lucenses, y al sur jienenses; alejados de la costa y de las grandes ciudades. Esta semana, una meteorología adversa, ha aflorado serios problemas para quince millones de españoles que respiran un aire que la Unión Europea considera insalubre, contaminado por dióxido de nitrógeno, partículas u ozono por encima de los límites considerados seguros, partículas no emitidas por una central térmica en el desierto, sino por tubos de escape.

    Afectadas 26 ciudades, fundamentalmente las áreas urbanas de Madrid, Barcelona, Murcia, Valladolid, el triángulo asturiano, las tres capitales vascas, las ciudades del litoral mediterráneo, y en el sur Sevilla, Córdoba y Granada. Algunas voces autorizadas, quizá Del Molino o Llamazares, han opinado que los problemas de lo rural, sólo tendrán solución cuando lo urbano tenga los suyos. No se trata de enfrentar a la España densamente poblada con la España vaciada. Todo lo contrario.

    Quienes habitamos el medio rural estamos llamados a ser la solución de nuestros vecinos de la España periférica y del área metropolitana de Madrid. Es sencillo. La Patria Interior (en la Serranía Celtibérica la densidad de población media no llega a 8 habitantes por km2) puede integrar a las patrias periféricas (en Hospitalet de Llobregat viven más de 53.000 personas por km2), tornando del revés los últimos cien años de nuestra historia, vertebrando esa “España vacía, ese país que nunca fue” y dirigiendo desde el Estado los flujos de población desde esa España urbana a la vaciada.

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