Cultura

ARCATUR promoverá una torre de telegrafía óptica de Alcañiz como atractivo turístico

Alcañiz fue sede este sábado del décimo Día de los Castillos de Teruel, un evento que ya ha recorrido seis comarcas turolenses y que tiene como objetivo reconocer a los municipios que trabajan por su patrimonio fortificado. Está organizado por la Asociación para la Recuperación de los Castillos Turolenses (ARCATUR), que ha elaborado un inventario en el que recoge 348 fortificaciones de los siglos X al XIX de la provincia, como parte de su investigación y difusión de este tipo de arquitectura defensiva.

La sala Juan de Lanuza del castillo de los Calatravos acogió una charla debate sobre un tipo de fortificaciones defensivas creadas durante las guerras Carlistas, en el siglo XIX, y de las que todavía quedan vestigios en el Bajo Aragón: las torres de telegrafía óptica. Alcañiz contó con tres de estas torres, aunque se cree que apenas se usaron por concluirse al finalizar la contienda. Se trata de la torre de Gordizo, otra instalada provisionalmente en la torre del Homenaje del castillo y la torre Campamento. Esta última acaba de ser fruto de excavaciones arqueológicas y será restaurada como atractivo turístico. De hecho, ARCATUR anunció que está creando una ruta de fortificaciones turolenses visitables y que incluirá en ella a la torre Campamento.

Rubén Sáez, historiador militar y director del Centro de Estudios Arcatur, explicó que estas torres, que permitían a los militares la comunicación a distancia con mensajes formados por la diferente posición de unas aspas, están hoy en día prácticamente olvidadas. Actualmente, algunas conservan parte de su estructura de piedra, pero el sistema de aspas estaba formado por madera y cuerda o cadenas, materiales ya perdidos.

Formaban parte de una red de torres visibles entre sí por su altura. Las de Alcañiz se comunicarían con otra ubicada en Valdealgorfa.

La de Campamento, construida en un alto entre el cabezo del Cuervo, el barranco del Ciego y la salida hacia Castellón, conserva buena parte de su estructura de piedra. Las labores arqueológicas recientes han hallado restos importantes para su datación y usos, así como sobre su estructura destinada a la vida y trabajo de los militares, su foso defensivo y la pendiente exterior que abarcaba un amplio perímetro sin vegetación ni ningún otro elemento que pudiese parapetar al enemigo en posibles asaltos.

Curiosamente, las vainas percutidas halladas determinan para fusil y pistola, determina que, al menos, se dieron dos disparos desde la fortificación. Poco se usó, ya que está claro que se concluyó cuando terminó la guerra. Un ladrillo encontrado por los arqueólogos contiene la inscripción: 1875.

También se ha encontrado munición de la Guerra Civil española, porque cualquier fuerte en altura se aprovechaba en otras contiendas, lo mismo que ocurrió con la torre medieval del castillo Calatravo cuando los carlistas decidieron instalar en ella su sistema de comunicación por aspas. En este sentido, Rubén Sáez comentó que su asociación ha encontrado, incluso, parideras del ganado fortificadas.

El foso de la torre Campamento, excavado en la roca y elevado con piedra en varias zonas, tuvo en origen una pasarela de madera. Se ha encontrado una losa de piedra plana con las perforaciones para sujetarla mediante unos postes. Para futuros usos, tras la pérdida de esta pasarela, se creó un montículo de piedras para acceder a la torre. En el interior se han encontrado restos de un aljibe, revestido para almacenar el agua.

La de Alcañiz es una torre que seguía el diseño estándar, de sillería recubierta de yeso, de planta cuadrada, de unos cinco metros de lado por siete de altura. Las aspas se colocarían en la parte superior. Las diseñó el general Salamanca al detectar en 1875 la compleja defensa de frente del Ebro, ya que quienes se defendían no sabían cuándo podían ser atacados. Por ello, ideó estas torres mientras solicitaba al ejército avanzar en la finalización de la telegrafía eléctrica, todavía vulnerable. El dispositivo era sencillo de manejar y podía usarse de noche colocando faroles en las aspas. Los militares iban cambiado los códigos de los mensajes de manera periódica para que el enemigo no pudiese copiarlos.

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