Cierra la emblemática Fonda de Valderrobres, que trasladará su negocio a Arnes
El hotel restaurante, ubicado en un edificio histórico en plena plaza, abría todos los días del año
Fonda La Plaza, el hotel – restaurante integrado en la emblemática plaza de Valderrobres echará el cierre el próximo 2 de noviembre. La familia que gestiona este negocio en un edificio del siglo XIV desde hace doce años se marchará a trabajar a otro establecimiento turístico del municipio catalán de Arnes.
Este traslado ha sido fruto de imposibilidad de llegar a un acuerdo que satisficiera las necesidades de hosteleros y propietarios del edificio histórico.
El cierre va a afectar tanto a los habituales de diario como, de manera más notable, al turismo. Y es que Fonda La Plaza abría los 365 días del año, ofreciendo a diario comidas y cenas. “Esto no lo hace nadie más en el pueblo y tanto desde la oficina de turismo, como desde viviendas de uso turístico e incluso otros hoteles y restaurantes nos enviaban a sus clientes. Hacían las medias pensiones con nosotros”, explica Loli Collantes, propietaria del negocio.
“Mi marido no lleva tan bien el cambio, la lanzada siempre ha sido yo. Soy la cabeza moviente, que digo yo, porque no me da miedo nada”, dice Collantes a las puertas del nuevo reto al que han decidido enfrentarse. “Había mucha incertidumbre y era necesario tomar una decisión”, indica resignada pero confiada, porque asegura que “nuestra familia lleva este oficio en la sangre y sabemos que si no es aquí será en otro lado”.
Ese otro lado es El Vilar Rural de Arnes, donde Collantes estuvo trabajando ocho años. “Allí llegó un momento en el que a los trabajadores nos hicieron fijos discontinuos al empezar a cerrar en temporadas. Pero yo quise seguir trabajando y asumí la gestión del hotel restaurante de Valderrobres, que por aquel entonces ya funcionaba como tal a cargo de los propietarios del edificio”, recuerda.
La hostelera explica que desde el negocio de Arnes han querido contar con su familia con un objetivo claro: que el Vila Rural funcione a pleno rendimiento todos los días del año.
El nuevo negocio está a solo diez kilómetros de Valderrobres, por lo que la familia mantendrá su residencia en la cabecera de la comarca del Matarraña, sin embargo a Loli le entristece pensar en que ya no tendrá la relación “tan cercana” que mantiene con sus clientes habituales.
“Viene mucha gente mayor a la que tengo mucho cariño, nos abrazamos, nos damos los buenos días… El otro día un matrimonio de octogenarios se mostró triste al enterarse del cierre y nos aseguró que vendrían a Arnes. Me hizo mucha ilusión, pero a la vez sé que no voy a poder seguir su día a día como antes”, lamenta la hostelera.
El negocio cuenta actualmente con una docena de trabajadores, incluyendo a su marido, que es el cocinero, y a la hija de Loli. A todos, indica, se les ha dado la posibilidad de trabajar en el negocio de Arnes y en otro establecimiento más pequeño que la familia regenta en Valderrobres. Alrededor del cincuenta por ciento han aceptado el cambio.
