Alcañiz bajo cien bombas, silencio y tartamudez

El bombardeo del 3 de marzo de 1938 en Alcañiz dejó cientos de muertos, silencio y a un niño tartamudo por varios años. Precisamente ese día, Emilio Calatayud cumplía cinco años. El hambre le salvó la vida. Estaba sentado con su abuela “en la baranda de El Cuartelillo” poco antes del bombardeo. Le entraron ganas de comer e insistió a su abuela para ir a casa. Primero pasaron por la vivienda de una amiga de su madre, donde tenían ropa tendida. Al llegar a casa de su abuela, en la plaza Mendizábal, comenzaron a escuchar el ruido de los aviones y caer las primeras bombas. Se escondieron en el zaguán “y allí pasó todo”. Al salir a la calle todo estaba destrozado y corrieron al refugio antiaéreo bajo la calle Caldereros. Estaba lleno de gente. Allí los encontró su madre. Otras personas no se encontrarían hasta años después.
Hubo muchos muertos en el Cuartelillo. “Yo nací ese día dos veces”, dijo Emilio, que sufrió tartamudez por varios años. “Deduzco que fue por aquello”.
Visiblemente emocionado, Emilio Calatayud cerró con sus recuerdos el homenaje que rindió ayer Alcañiz a las víctimas del bombardeo. Su testimonio, como el de muchos otros, se recoge en el libro del historiador José María Maldonado “Alcañiz, 1938. El bombardeo olvidado”.
La sala multiusos del Liceo se quedó pequeña para tanto público durante la charla que impartió Maldonado sobre el bombardeo.
Mientras exponía su investigación de los hechos, se esforzó por hacer que el público empatizase con los que vivieron aquello y pudiese comprender lo brutal que fue. En el telediario vemos el horror que causa la caída de dos bombas en Siria.
“En Alcañiz cayeron cien”.
Maldonado describió al detalle el escenario de Alcañiz aquel día. Era jueves y por aquel entonces un jueves era medio festivo, ya que el sábado se trabajaba y también había que ir a la escuela. Se iba al cine, al baile, los niños jugaban en la calle… “Nadie esperaba nada. Aquí estábamos en paz”.
A cuatro mil metros de altura la misma aviación italiana que bombardeaba apoyando a Franco, tomaba fotografías que les servirían para futuras estrategias. El bombardeo se había acordado, junto a otros, en octubre de 1937, según pudo averiguar el historiador. No hay dudas: “el objetivo era el pueblo de Alcañiz”.
Desde esa altura, Alcañiz yace bajo el humo blanco de las bombas. Pero Maldonado señaló una parte de la fotografía proyectada al público: “también hay humo negro”.
Un trabajador conducía un camión lleno de bidones de gasolina. Una bomba hizo que explotaran causando muerte y humo negro en la plaza del Mercado.
Se desconoce cuántas personas murieron. “El testimonio claro es el de Vidal, que trabajaba en el Juzgado y le hicieron recontar muertos”, dijo Maldonado, y añadió que cuando llegó a los 500, descompuesto, no pudo seguir contando.
La charla de ayer sirvió también para reflexionar sobre la ideología durante la guerra. Para Maldonado está claro que, “de entrada, la gente no estaba tan politizada”. Cuando a uno le mandan a la guerra está “donde le toca estar”.
Al finalizar la charla, desde el público, el alcañizano Miguel Ángel Abril dejó una pregunta en el aire: ¿por qué quienes vivieron aquello lo mantuvieron en silencio durante tanto tiempo?
Fue en el momento en el que Maldonado escribió el libro cuando muchos de los que vivieron aquello comenzaron a airear sus recuerdos.
