Cayeron muchos Mitos ayer en Alcañiz

Sabemos que están ahí, los escuchamos, pero no sabemos cómo se llaman ni lo bonitos que son hasta que los tenemos cerca y podemos contemplar sus detalles. Todos son bonitos.
Eso comentaba uno de los asistentes a la actividad ornitológica que se desarrolló ayer domingo a orillas del Guadalope, en un paraje próximo al cruce del camino del Ciprés y el puente de la antigua vía de Alcañiz.
La organizaba la Asociación Amigos del Río y la impartía el naturalista Santiago Osácar, junto al Agente de Protección de la Naturaleza Javier Escorza.

Un centenar de personas, una treintena niños, conocieron de cerca muchas de las especies de aves silvestres que en esta época rondan por Alcañiz. Se capturaron, se admiraron, se estudiaron, se fotografiaron, se les colocó una anilla identificativa con un número para facilitar su seguimiento y se soltaron en libertad.

La noche del pasado sábado al domingo se colocaron unas grandes redes “japonesas”, casi invisibles, en la ribera, una técnica de captura únicamente permitida para el anillamiento científico de las aves, explicó Javier Escorza. Una veintena de ellas quedaron atrapadas, los expertos las recogieron antes del amanecer, les colocaron una anilla identificativa en una de sus patas y las introdujeron en unos pequeños sacos de tela individuales, donde permanecieron hasta por la mañana, cuando se desarrolló la actividad con el público, en el mismo lugar donde fueron capturadas.

Santiago Osácar fue sacando los pájaros de uno en uno y mostrándolos a los asistentes. Detalló sus principales características en un lenguaje sencillo, evitando tecnicismos, porque en todo momento hizo partícipes a los niños.

Éstos pudieron sostener a los pájaros y fotografiarse con ellos, al tiempo que se esforzaban por responder a las preguntas del naturalista sobre las cualidades de las aves. Se mostraron muy interesados. Varios de ellos habían asistido a actividades similares impartidas por Osácar en Alcañiz y conocían a muchas de las especies.
Causó especial admiración, por sus llamativos colores azul y naranja brillantes, el Martín Pescador. Suele posarse en una misma rama y cuando detecta a su presa se lanza al río de cabeza y la atrapa con su largo pico. Esta técnica desató la imaginación de uno de los niños que preguntó si era posible que, por accidente, en vez de sobre un pez, el Martín aterrizase sobre una roca. El naturalista respondió que nunca se habían encontrado a un Martín Pescador clavado en el fondo del río.
El tono divertido y espontáneo, junto con los recursos que usó el naturalista para fomentar el interés por las aves envolvieron la actividad.

De otro de los sacos de tela, Santiago Osácar sacó un Mito, un pequeño pájaro que cuando se siente atrapado pide ayuda a los suyos y éstos, sin dudarlo, acuden a socorrerlo. Por ello, ayer cayeron muchos mitos en las redes japonesas. Casi una decena.
¿Por qué la Curruca Cabecinegra se llama así si no tiene la cabeza negra?, preguntó Osácar. Porque la Curruca que salió de otro de los sacos era una hembra que, a diferencia de los machos que sí tienen la cabeza negra, ellas la tienen parda. Sus tonos son menos llamativos, lo que facilita que pasen desapercibidas durante su estancia maternal en el nido y así se evitan daños a los huevos o a las crías por parte de otras especies.

Además, los asistentes conocieron ayer a los diminutos pájaros Chochín (10 centímetros) y Reyezuelo (9 centímetros), al Mosquitero, a la Curruca Capirotada, al Petirrojo, al Carbonero y a dos tipos de Tordo: el Zorzal y el Mirlo.
David, un niño que conoce muy bien a las aves y a otros muchos animales, hizo de secretario de Santiago Osácar y fue anotando, junto al número de la anilla identificativa de cada pájaro, su sexo, su edad, la fecha y el nombre del paraje donde fue anillada, entre otros aspectos.
De este modo, si alguna de estas aves vuelve a ser capturada por expertos en otros lugares de España o, incluso, en otros países, se sabrá que fue anillada en Alcañiz y su número identificativo dará acceso a toda la información que David anotó a orillas del Guadalope. Lo que contribuirá al estudio de las especies.
