El suelo de Alcañiz es un techo de misterios

La charla sobre los pasadizos de Alcañiz, impartida por el periodista y geógrafo Javier Zardoya, llenó el pasado viernes el auditorio del Palacio Ardid. Incluso hubo personas que la siguieron de pie, a falta de asientos.

Javier expuso su trabajo de investigación sobre los túneles subterráneos y bodegas de Alcañiz. Un largo estudio que realizó con la intención de descubrir si existía una gran red de pasadizos conectados entre sí bajo la ciudad y si uno de ellos cruzaba el río por debajo, basándose en testimonios orales y escritos.

Su trabajo se sustenta en libros, fotografías, consultas a expertos y vecinos y en su propia intrepidez, introduciéndose él mismo por túneles apenas intransitables y buscando conexiones entre los mismos.

Los asistentes pudieron ver fotografías que mostraban lugares poco o nada conocidos del subsuelo alcañizano, entre ellos una ermita oculta bajo el cerro Pui Pinos.

Javier estuvo acompañado por el arqueólogo José Antonio Benavente, quien basándose en su experiencia y en un documento que puede consultarse en la biblioteca municipal, explicó a los asistentes que la parte de pasadizos visitable de Alcañiz es, en realidad, una cloaca. Tal afirmación provocó sorpresa, decepción o incredulidad entre algunos de los presentes. No es extraño que sorprenda cuando se trata de uno de los principales atractivos turísticos de la población.

Benavente planteó si es mejor perseguir una leyenda o dejarla como está para evitar correr el riesgo de toparnos con una realidad más cruda y menos emocionante.

Muchos alcañizanos han oído hablar de la existencia de un pasadizo sumergido bajo el Guadalope. Y también lo recordaron algunos de los asistentes durante una mesa redonda tras la charla. Uno de ellos, un hombre de setenta años de edad, dijo haber visto de niño un agujero en la iglesia Santo Domingo que parecía continuar bajo el río. Pensaba que ése podía ser el pasadizo del que tanto se hablaba. Aunque admitió que sus recuerdos podían estar nublados por el paso del tiempo.

Javier Zardoya aseguró haber buscado la entrada del supuesto pasadizo sumergido “hasta donde el oxígeno lo permitía” y no la había encontrado.

Uno de los presentes recordó que, de joven, recorría con sus amigos la acequia del “Revedal” hasta salir al “camper” (antiguo campo de fútbol), donde las mujeres les esperaban para pegarles con la alpargata.

Admirada y aplaudida, la exposición de Javier Zardoya destapó el subsuelo y dejó al aire nuevos misterios, motivando al público a conocer su patrimonio y a perseguir sus leyendas.

La investigación sobre los pasadizos puede consultarse en el blog de Javier: http://zardoya.blogspot.com.es/p/pasadizos-de-alcaniz.html.

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