Alcañiz. El toro de fuego se apunta al guiñote

En plenas fiestas de Alcañiz, mientras la mayoría corría para huir del toro de fuego y de sus borrachos, un grupo de cuatro amigos, entre ellos el párroco de la localidad, Pablo Roda, decidió echar tranquilamente un guiñote en el centro de la plaza de España, entre todo el jaleo. Los acompañaban, Igual de íntegros que ellos, varios observadores de la partida.
Las carretillas del toro calentaron el trasero de al menos uno de los jugadores y el propio toro se unió a ellos rociándolos con su cascada de chispas un largo rato. Terminaron dos partidas, sanos y salvos, aunque con las manos negras. Cuando el toro carbonizó la baraja, plegaron mesa y sillas y comentaron entre risas la velada de lo que Roda denominó “guiñote-vaca”.
La noche siguiente, bajo la estruendosa traca de fin de fiestas, varios de ellos volvieron al centro de la plaza, pero esta vez jugaron a las chapas.
