Las noches de MotoGP

Tarde o temprano, según se mire acudieron muchas personas a sus hogares, hoteles o zonas de acampada las madrugadas del sábado y el domingo. La gran fiesta nocturna con la que Alcañiz recibió a los visitantes de MotoGP terminaba de día.
A ambos lados de la avenida de Aragón había puestos de artículos para moteros, aficionados o transeúntes que nunca antes se habían imaginado comprándose camisetas con las imágenes de Rosi o Pedrosa impresas, pero que, quizás porque llevaban también impreso el nombre de Alcañiz, terminaban por adquirirlas.
Algunas mujeres lamentaron que una parte importante de la fiesta iba a ser más disfrutada por los hombres. Hubo chicas que intentaron distraer a sus parejas para evitar que la vista se les fuese a las gogos, no tan ligeras de maquillaje como de ropa, que bailaban sin inocencia en distintos escenarios distribuidos a lo largo de la avenida. Sólo hubo un gogó hombre, que se dejó fotografiar junto con admiradoras. Iba, más desnudo que vestido, de policía.
Las pequeñas discomóviles de la avenida de Aragón, la plaza Mendizábal y la plaza de España atrajeron con distintos ritmos, en ocasiones solapados, a amigos bailando en compañía o a personas solas que extendían la fiesta en su imaginación con la mirada perdida.
Varios niños, cansados de negativas, no cesaban de preguntar “¿quieres una pulsera?”. Por lo general, costaban un euro, pero hubo regateos.
Los conciertos de Carlos Baute y Diego Martín, organizados por Televisión Española, llenaron la pista roja del polideportivo sin agobios. El venezolano Baute, que además de cantante ha sido actor de telenovela, no cesó de repartir mensajes de amor, cantados y hablados, e interpretó una de sus canciones junto con una admiradora que él mismo eligió de entre el público. Por parte del cantante, la interpretación iba a terminar con un abrazo. Pero la fan, que no se pudo contener, le dio un beso.
Lo que para unos fue disfrute, para otros fue molestia y ruido. Hubo quien prefería un perfume distinto al de rueda quemada de moto o humo de tubo de escape. Hubo quien no pudo dormir por el ruido de motos y el elevado volumen de las discotecas. Hubo quien fue mirando al suelo para esquivar ríos de orín.
