MotoGP. Las dos salsas de la fiesta en Alcañiz

La fiesta que se lía con motivo de MotoGP en Alcañiz es tan gorda que hay motoristas que vienen exclusivamente a vivirla en las calles y regresan a sus casas sin haber pisado el circuito.
Un año más, los pasados días viernes y sábado Alcañiz vibró literalmente con las discomóviles a todo trapo que fundieron sus ritmos desde diferentes calles y plazas y con el brrrummm, bruum, brrrrrrrrr, brrummm, de los moteros más chulos que hicieron sonar sus motos ante la mirada embrujada de visitantes y vecinos, muchos de los cuales se esmeraban por “pillar” el momentazo con las cámaras de sus teléfonos móviles.
La multitud se entregó a la fiesta, especialmente en las plazas de España, Santo Domingo y Mendizábal, abarrotándolas mucho antes de que anocheciera.
La avenida Aragón también se llenó de gente que recorría los puestos de artículos moteros, bailaba en las discomóviles o se tomaba algo en las barras de bar.
Vecinos comentaban que parecía haber este año muchos más visitantes que el año pasado.
Esta salsa, que tanto gusta a muchos vecinos, compartió escenario con otra, que ya no gusta tanto: los ríos de orín, el ruido que no deja dormir o hablar o ver meterse droga y trapichear con ella en plena calle.
Incluso, con la calle repleta de gente, había personas a las que no les importaba orinar allí mismo, a la vista. Eso junto con el orín que salía de los propios urinarios portátiles, formaba un río por la calle sobre el cual era inevitable transitar cuando uno se dejaba arrastrar por la multitud.
Si se evitaban las calles más transitadas, las menos también habían sido usadas para este desagradable fin, además de poder verse a personas esnifando droga o trapicheando con ella.
