El propio Miguel Serrano habló de su "Autopsia" en Alcañiz

Eugenio Ramo, el responsable de la librería Santos Ochoa de Alcañiz, estaba leyendo “Autopsia”, la novela del escritor zaragozano Miguel Serrano, y antes de llegar al final le telefoneó para invitarlo a su establecimiento. “Es la mejor novela que he leído en los últimos años”, dijo Eugenio.

Miguel aceptó encantado la invitación y el pasado sábado se presentó en la librería para hablar al público de su novela.

El poeta bajoargonés José Manuel Soriano introdujo al autor y quiso hacer “una autopsia de Autopsia”: “novela musicada, poética, de aprendizaje y de soledad”, de “trazo dinámico” en la que “Miguel juega muy bien con la ironía, con el sarcasmo baturro” y con la que, posiblemente, nos quiere decir que “el protagonista de la novela somos todos”. Esos fueron algunos apuntes extraídos del informe del poeta “forense”.

Las primeras palabras de Miguel Serrano al público estuvieron cargadas de modestia: “cuando me elogian creo que hay algo que han entendido mal”, sin embargo, dijo que cuando recibe críticas malas cree que los lectores tienen toda la razón.

Miguel explicó que “Autopsia” parte de la violencia, concretamente de la ejercida por la tribu urbana skinger en Zaragoza en la década de los 1990.  Trata el miedo que esto causaba y lo relaciona con el surgido del acoso escolar.

Su novela contiene muchas citas de reconocidos escritores y varias veces, explicó, los lectores creen que son frases de Miguel. Esta anécdota hizo reír al público, pero no más que esta otra:

Miguel comenzó a escribir “Autopsia” después de que él y unos amigos recibiesen una paliza de un grupo de roqueros una noche de fiesta. No recordó nada excepto que le habían pegado, así que decidió inventarse a qué bares había ido con sus amigos, de qué habían hablado y también decidió crear un personaje nuevo: una tal Vicky. Cuando su novela fue publicada, uno de estos amigos agredidos le telefoneó para decirle que gracias a la novela había podido recordar todo lo que había sucedido: los bares, las conversaciones, todo tal cual fue. Sin embargo, el amigo le dijo que había dos cosas que no coincidían: no les habían agredido unos roqueros, sino un grupo punk y todos los personajes eran inventados excepto Vicky.

A Miguel esto le hizo reflexionar: quizás hay más verdad en la ficción que en la realidad, concluyó.

 

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