Dionisio Mingotes en el Maratón del Sahara

Junto al alcañizano Tomás Ramo Maicas, el Bajoaragonés Dionisio Mingotes Solanas, participó en el Maratón del Sáhara, que tuvo lugar el pasado 24 de febrero. Esta es su crónica, en la que describe la carrera y la esencia reivindicativa de la prueba:
“El pasado 24 de febrero se disputó el evento internacional 'Sahara Marathon'. Una prueba deportiva en la que paradójicamente competir era lo menos importante para muchos de los allí presentes. Lo importante era estar allí, conociendo la realidad del pueblo saharaui en primera persona. En vivo y en directo, sin la anestesia que nos invade a través de los medios de comunicación, demasiado filtrados y sesgados como para conocer la realidad existente.
Me sorprendió gratamente ver en la salida de la prueba una camiseta del Tragamillas de Alcañiz. Era Tomás. Poco antes de empezar a correr estuvimos charlando brevemente.
No entraré a valorar eventos políticos a través de los cuales alguien quiera justificar la situación del pueblo saharaui. Cada vez que intento recabar información del mismo en los medios, ya sea a través de los propios periodistas, ya sea a través de infortunados comentarios, encuentro gente que cree que merecen la realidad que están viviendo. Mi punto de vista es el que he encontrado, varias generaciones que en las cuatro últimas décadas se han visto fuera de su casa, viviendo en asentamientos con escasez de recursos, en pleno desierto. No creo que los niños que vi sean responsables de su situación. En cualquier caso, el pueblo tiene claro que su enemigo son los diversos gobiernos, que les tienen abandonados, desconocidos (me recordó un poco la analogía con Teruel en el territorio nacional nuestro). No odian a los pueblos español ni marroquí a nivel personal.
Son conscientes que son los gobiernos y no las gentes de los diversos países quienes les hacen vivir así.
Al adentrarnos a altas horas de la madrugada en la Wilaya (municipio) en la que viviríamos una semana (Smara, meta de las pruebas), algunos de mis acompañantes, participantes en la maratón, al observar por las ventanas del autobús entre la casi absoluta obscuridad exclamaba frases del estilo de 'dios mío, si no sabemos lo que tenemos'. Con independencia de creencias religiosas, no les faltaba razón.
El pueblo saharaui en cualquier caso es hospitalario hasta un punto olvidado en Occidente. Varias veces escuché la frase 'no tienen nada y lo dan todo'. Nos alojaron en sus mejores estancias ('haima'- habitación de adobe), relegándose ellos mismos a otras inferiores (haima de lona, espero que al no tener una climatología adversa estos días, no se hayan visto afectados por ello). Tengo mis dudas de si en la alimentación ocurrió lo mismo. Lo cierto es que nos trataron como reyes, en algunos momentos sentí cierta vergüenza por estar comiendo normalmente sin saber cómo lo llevaban mis anfitriones. En todo momento nos acompañaban a los sitios para que no nos perdiésemos. Uniendo el trato recibido al impresionante firmamento (en el que con el cielo despejado totalmente se distinguen millones de estrellas y planetas con una claridad meridiana), puedo decir que estuve en un hotel, que a pesar de tener techo, tenía millones de estrellas. Compartí haima con Edu, Javi, Pilar y Rafa. A partir de ahora amigos míos, al igual que Abdalá, Buzein, y cuantos nos recibieron en su casa como si fuésemos parte de su familia. Imposible en estas líneas nombrar a todos.
A nivel deportivo, la primera mitad del maratón transcurrió sin complicaciones, en un terreno no demasiado exigente (algo nublado, bastante llano y arena compacta). Saliendo del asentamiento de Aaiun (homónimos con ciudades del Sáhara Occidental), hasta la mitad de la prueba (asentamiento de Aucherd) todo fue fenomenal. A partir de ese punto, empieza la parte más dura, con subidas y bajadas, con arena abundante. Al salir el sol en plenitud, a pesar de ser invierno, se aprecia la dureza del medio. La primera mitad de la prueba, en plan tranquilo, por lo que sabíamos que venía más adelante, la completó en un par de horas justas. A partir de Aucherd, no me encontré corriendo a gusto. Sobrecargas musculares prematuras, por lo hostil del medio (correr sobre terreno complicado, sol, etc...), me hicieron andar tramos. Sabiendo que un compañero de viaje estaba detrás de mí, en unas condiciones similares, le fui esperando para terminar la prueba juntos, mayormente caminando. Otra forma de disfrutar una experiencia épica en el desierto. El tiempo total, seis horas y doce minutos, pero eso era lo menos importante. El recibimiento en Smara no tiene precio. En todo momento los locales nos estuvieron animando. Las mujeres con sus cánticos y los chavales corriendo con nosotros. No les olvidaremos.
El Sáhara Marathon es en definitiva una excusa para conocer una realidad olvidada. Desde aquí invito a informarse a través de la web oficial del mismo www.saharamarathon.org/?lang_es, para conocer los diversos proyectos que intentamos llevar a cabo. En dicha web aparecen imágenes y vídeos que quizá nos acerquen un poco más su realidad, o al menos para dar difusión a un pueblo que espera, incomprensiblemente tras cuatro décadas, que se resuelva el conflicto. Esperemos que el próximo Sáhara Marathon sea en un Smara libre”.
