Reportajes

Pasar la noche en la ermita de San Miguel de Alcañiz

Ha sido en este siglo XXI escenario de ceremonias chamánicas basadas en tradiciones de tribus de la selva amazónica. También de los conciertos de música rock, fiestas y espectáculos variados organizados por la asociación Las Ranetas. Pasan por ella senderistas, ciclistas, fotógrafos, observadores del cielo, cazadores.

Y parece tan solitaria y lejana.

Se cree que la ermita de San Miguel de Alcañiz, de arcos apuntados, una sola nave y ábside poligonal, comenzó a construirse entre los siglos XIV y XVI y fue lugar de culto de campesinos, pues se encuentra alejada de la ciudad entre terrenos de cultivo, tal y como explica la historiadora del arte Teresa Thomson Llisterri, quien también dice que se usó como almacén de aperos de labranza y posiblemente como refugio.

Se restauró hace varios años mínimamente: unas estructuras metálicas sujetan las partes más debilitadas de los arcos y el hecho de que no tenga techo quizás facilite el estudio del firmamento, ya que las arcadas fragmentan el cielo.

Su espadaña ya no tiene campanas y San Miguel ya no está en la hornacina de la fachada principal, orientada al Sur.

Junto a ella se han encontrado restos de poblaciones desde la Edad del Hierro.

Allí se sigue sintiendo el miedo a la noche, a los animales salvajes, a sonidos desconocidos, a los espíritus, a las garrapatas, a estar tan lejos de la ciudad (unos 8 kilómetros), muy cerca de las saladas. No hay osos ni jaguares, pero puede servir de algo buscar en Google “qué hacer si me encuentro con un jabalí”.

Tras hacer esa consulta en Google, un grupo de personas montó sus tiendas de campaña dentro del edificio recientemente y pasó la noche. El paraje se conoce como “El Plano” y este nombre lo describe bien, pues permite ver Alcañiz y la térmica de Andorra a lo lejos.

La falta de contaminación lumínica invita a contemplar un cielo repleto de estrellas. Entre la puesta y la salida del sol, el grupo pudo observar algo que nunca había visto: la salida de una luna gigante y roja por la línea del horizonte en la que queda convertida la ciudad.

Además de las Saladas, junto a esta ermita pueden visitarse las viejas masadas y corrales construidos aprovechando las rocas y en algunos casos piedra sillar que podría haberse tomado de la ermita. En algunas de estas construcciones se conservan antiguas inscripciones y dibujos.

Articulos Relacionados

Image