Sucesos

A la tragedia de los corzos se suman la “dejadez” y las “medidas poco efectivas”

Desde que comenzó la primavera han muerto más de una treintena de corzos, entre otros animales en el canal Calanda-Alcañiz y en el canal de La Estanca. Todos los años se repite esta tragedia, que empieza cuando los jóvenes corzos, unos animales territoriales, buscan su independencia alejándose de su madre. Sus pezuñas no sirven para trepar por las paredes resbaladizas de los canales y acaban muriendo agotados y ahogados. Un rastrillo saca los cuerpos a la superficie poco antes de llegar a La Estanca. También caen otros animales, aunque menos, como jabalís o tejones.

El alcañizano Miguel Perdiguer lleva años implicado en buscar soluciones para que los corzos no se ahoguen en los canales Calanda – Alcañiz y de La Estanca. Él fue quien involucró a un nutrido grupo de personas de diferentes ámbitos de la protección medioambiental, del que forman entidades como la Confederación Hidrográfica del Ebro o representantes del Ayuntamiento de Alcañiz y la Comarca del Bajo Aragón.

Ahora Perdiguer ha abandonado el grupo, junto a dos personas más, porque dice sentirse agotado tras mover constantemente hilos para salvar a los animales y ver que su esfuerzo ha desembocado en unas medidas que considera ineficaces, además de encontrarse con constante dejadez y lentitud para aplicarlas.

Desde que se acordaron tomar soluciones, a principios de año, se han instalado unas boyas en tres tramos distintos del canal junto a rampas de salida: muy cerca de la entrada a La Estanca y al comienzo del canal Calanda-Alcañiz. Sin embargo, Perdiguer denuncia que estas boyas no se han colocado de manera eficiente, ya que están lo suficientemente separadas las unas de las otras para que los corzos puedan colarse entre ellas.

Además, indica, se colocó una cámara de fototrampeo que ya ha desaparecido.

Por otra parte, señala, no se ha instalado nada en la zona donde más corzos suelen caer, que es en el término de Castelserás.

Actualmente hay cuatro corzos que cuentan con collares GPS para su rastreo. Tres de ellos se han rescatado este año de los canales. Al otro se le colocó el año pasado y se mueve por la zona de Torrevelilla.

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