• Feher disparó a puntos estratégicos, a bocajarro, y murieron rápida e inevitablemente

    El disparo más próximo de una de sus víctimas, uno de los agentes de la Guardia Civil, Norbert Feher lo efectuó a bocajarro, a menos de 35 centímetros de su cuerpo. Ninguna de las tres víctimas presentaba señales ni heridas de defensa. Tuvieron una muerte rápida e inevitable, sin posibilidad de reanimación. En todos los casos, la causa de la muerte fue una hemorragia masiva que imposibilita al corazón seguir bombeando sangre al cuerpo.

    Sabía dónde les disparaba, directo a órganos estratégicos y vitales. Los médicos expertos en el análisis de los cuerpos de los fallecidos indicaron que si el tiroteo se hubiese producido junto a un hospital, ninguno hubiera sobrevivido.

    Al ganadero José Luis Iranzo le disparó un tiro directo al corazón y luego otro más, por lo que su muerte se determinó “muy rápida”. También se determinó rápida la muerte de los dos agentes de la Guardia Civil, Víctor Romero y Víctor Jesús Caballero. El primero recibió cuatro disparos y el segundo siete. Varios tiros fueron directos a zonas que desestabilizan el cuerpo y lo hacen caer y se comprobó que otros de los disparos fueron realizados desde arriba, cuando ya estaban en el suelo.

    Según los médicos que declararon este jueves en el juicio contra Feher, “no fue una lucha, fue un ataque por sorpresa” por parte del presunto asesino. Su conducta fue “reflexiva y deliberada”, “eligió la alternativa de atacar y lo hizo por la espalda”.

    El propio Feher reconoció a los médicos cuando en un principio vio a los dos agentes no supo que eran de la Guardia Civil, pero después sí que se dio cuenta e inició el los disparos. Negó a los médicos haberse sentido amenazado y les dijo que procedió a “eliminar obstáculos”, refiriéndose a vidas humanas.