Cultura

Alcañiz. De la bella y la bestia a Jeremías y una danzante hebrea

Las investigaciones constantes del Instituto de Estudios Humanísticos (IEH) no dejan de sorprender a los vecinos de Alcañiz y a los amantes de la cultura de todo el mundo, pues airean nuevas interpretaciones de unas imágenes grabadas en la retina pero cuyo significado es ampliamente desconocido.

Los últimos estudios se centran en una de las pinturas murales góticas del castillo de los Calatravos conocida como “El salvaje y la doncella”, que fue separada de otra escena, la de “La rueda de la fortuna”.

Hasta ahora se creía que esta escena representaba a una doncella raptada por un velludo salvaje o demonio que esperaba la llegada de un caballero que aparece a la derecha del espectador y al que ella parece mirar. Ahora, el IEH considera errónea esta hipótesis, trazada en 1930 por el investigador americano Chandler Rathfon Post en su obra History of Spanish painting.

Interpretaciones posteriores de algunos autores apuntaron a que el supuesto salvaje llevaba en su mano derecha un árbol a modo de trofeo y era violento a la hora de agarrar a la joven. Para otros, lo hacía con delicadeza o incluso bailaba con ella, una versión relacionada con el mito clásico de Eros y Psique que inspiró a Disney para La Bella y la Bestia.

Sin embargo, ahondando en diversas fuentes, observando detalles que hasta ahora se habían obviado y relacionando la escena con la ubicación original de La rueda de la fortuna, José María Maestre, el director del IEH, ha llegado a la conclusión de en realidad se trata de Jeremías con el árbol de Jesé y de una danzante hebrea que porta una pandereta, instrumento bíblico usado para agradecer el paso del Mar Rojo.

Jeremías toca con su mano el árbol de Jesé, identificado como tal porque sobre él aparece el rey David tocando el laúd, un elemento pictórico, dice Maestre, “del que nadie se ha dado cuenta hasta ahora”.

Las monstruosas melenas y la vestimenta salvaje del protagonista masculino se respaldan en citas del evangelio de San Mateo, como la que dice “guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros vestidos de ovejas, pero que por dentro son lobos rapaces”. Maestre señala que “no es sólo una metáfora, sino que tiene como telón de fondo la forma de vestir de los profetas”, descritos con una larga melena y pieles de oveja, cabra o camello.

El director del IEH defiende, además, que la escena del baile del velludo personaje con la doncella representa en realidad el pasaje del libro de Jeremías 31:13: “entonces la virgen danzará alegre en el coro,/ jóvenes y viejos todos juntos;/ trocaré en júbilo su tristeza,/ los consolaré y convertiré su pena en alegría”.

Maestre recuerda que “Jeremías vaticinaba la alegría de la Virgen de Israel, esto es, del pueblo de Israel una vez que retornase de su cautiverio de Babilonia.

El humanista, que ya en abril, hizo ver “el grueso error cometido en 1957 por parte del arquitecto Fernando Chueca Gotia quien, para dar más a luz a la planta primera de la Torre del homenaje, desubicó la rueda de la Fortuna y los dos elementos adyacentes que aparecían dentro del intradós del muro que cegaba el ventanal”, señala que decisiones como esta desembocan en interpretaciones equivocadas de las escenas.

En ese caso, indicó que esa desubicación fue una de las causas principales de que los investigadores no acertasen a interpretar la rueda de la Fortuna del castillo de Alcañiz a la luz de la teoría cristiana atribuida a Boecio en la Edad Media y, lo que es peor aún, que no pudiese vislumbrar la relación de los otros dos elementos colocados abajo de ella -un gallo y un unicornio con el león de Judá y el árbol de Jesé que, de acuerdo con su decodificación- aparecían a la derecha e izquierda dentro de dicho intradós antes de su desubicación.

De acuerdo con la interpretación del Maestre, el personaje que vemos girar en las cuatro posiciones de la rueda de la Fortuna arrepintiéndose de haber pecado era el mismo que aparece tocando el laúd en el árbol de Jesé: el rey David, hijo de Jesé y descendiente de Judá, que en el Medievo se representa muchas veces tocando dicho instrumento y no un arpa.

“Como es sabido, David, al enamorarse de Betsabé, mujer de Uría el hitita, ordenó que a este último se le pusiera en primera fila de combate para que muriese y de esta forma poder quedarse con su esposa. El rey de Israel cometió así un grave pecado del que luego se arrepintió y de ahí que Jesucristo arrancase su linaje de él como símbolo del poder del arrepentimiento, como bien hace ver el árbol de Jesé del castillo de Alcañiz”. En ese trabajo, el humanista pidió que nadie se extrañase de que dicho árbol contuviese solo a Jesé dormido al pie del mismo, detalle que hasta ese momento nadie había visto, y a David, pues, fuera de que en el Medievo había versiones reducidas del Árbol de Jesé, esa escena continuaba más adelante en otras pinturas.

Precisamente eso es lo que ahora demuestra en la escena del salvaje y la doncella, una investigación que Maestre se ha comprometido a ir revelando por fascículos. El siguiente, tendrá lugar en 2026, y dará a conocer quién es ese caballero que supuestamente iría a rescatar a la doncella del salvaje.

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