Alcañiz lucirá su enorme “Última Cena” tras una restauración muy delicada
Una obra de arte de grandes dimensiones formará parte del patrimonio visitable de Alcañiz en breve y luciendo como en sus mejores tiempos, allá por el siglo XVII. Se trata del lienzo de la Última Cena que el alcañizano Jesús Ponz encontró hace más de nueve años mientras investigaba las obras de la biblioteca situada sobre la capilla de la Soledad de la iglesia Santa María la Mayor de su ciudad. Se ubicará en una de las capillas de ese mismo templo.
El lienzo se encontraba sin bastidor, enrollado, en el suelo y en muy mal estado. Ponz insistió para que fuese restaurado e instalado en un lugar digno y accesible para el público. Casi una década después, su deseo está a punto de cumplirse, pues se encuentra en la última fase de su restauración, un arduo trabajo que desempeña desde octubre la Fundación Santa María de Albarracín.
La Última Cena, que según el historiador Jorge Martín Marco podría haber sido pintada por Francisco de Miedes en 1.650, es una obra peculiar por ser concebida como una escena vertical, que incluye sobre la mesa el Cáliz de Valencia. Se cree que formó parte de la capilla del Sacramento en el antiguo edificio gótico de la iglesia alcañizana.
Antonio Jiménez, el gerente de la Fundación Santa María de Albarracín, explica que el trabajo ha sido muy complicado, delicado y largo debido a las grandes dimensiones del lienzo, de 2,75 m. por 2,07 m. y a su mal estado.
Se calcula que podría estar completamente terminado a finales de este mes de enero o principios de febrero. Actualmente, se está llevando a cabo la reinterpretación de la forma y del cromatismo en las numerosas partes en las que faltaba sustrato.
Los trabajos más complicados fueron los previos. Cuando se trasladó en octubre hasta el centro de restauración de la fundación, hubo que dejar mucho tiempo el lienzo sobre una superficie plana para recuperase su forma, ya que presentaba irregularidades y se encontraba muy debilitado tras tantos años almacenado enrollado. Por otra parte, la limpieza también ha requerido un proceso meticuloso y lo mismo ha ocurrido al tener que ampliar el lienzo para ajustarlo a un nuevo bastidor que le proporcionase la tensión ideal.
La recuperación comenzó con la labor de dos técnicos, aunque fue necesaria la incorporación de uno más para poder hacer frente a todas las dificultades que iban surgiendo.
“Se trata de una obra de gran calidad, cuya restauración lleva mucho trabajo, pero el resultado va a ser espectacular”, explicó Jiménez, revelando que los entendidos en este tipo de trabajos sabrán reconocer cuáles son las partes reparadas, pero el ojo del espectador “verá un cuadro maravilloso”, donde dos de los personajes más llamativos de la obra, un despeluchado Judas y un gato, “no pasarán desapercibidos” en una obra que antes del proceso de recuperación tenía una pigmentación muy oscura. “Va a destacar muchísimo”, aseguró el gerente. El centro del cuadro es una cena muy austera. Sobre la mesa, el esqueleto del animal que se han cenado Jesús y los apóstoles, que muestran una actitud desenfadada.
Una vez esté completamente restaurado, los técnicos deberán enfrentarse a los dos últimos obstáculos, que ya están siendo planificados: el traslado de este gran lienzo hasta Alcañiz y la instalación en su nuevo lugar. Las iglesias, apuntó Jiménez, son buenos lugares para conservar este tipo de obras, ya que tienen una temperatura y una luz constante durante todo el año.
El proceso de restauración de la Última Cena se ha dado a conocer a lo largo de estos meses a alumnos de diferentes colegios de Alcañiz, que se han trasladado hasta el centro de la fundación en Albarracín y han visto de cerca la tarea de los técnicos.
La fundación ha solapado la restauración de la Última Cena con las de otras obras, como el Cristo de Molina de Aragón.
