Cultura

Encuentran un gran edificio romano dentro de un masico de Alcañiz

Las ruinas de un masico de Alcañiz esconden un tesoro: el único edificio romano en altura conocido hasta la fecha en la comarca del Bajo Aragón.

El Taller de Arqueología de Alcañiz lo ha dado a conocer ahora, dentro de la celebración de su cuadragésimo aniversario, en el que hace balance de excavaciones, hallazgos, restauraciones y actividades didácticas, y le ha dedicado un panel en la exposición que ha montado por la efeméride.

Las primeras conclusiones apuntan a que se trata de una gran construcción romana de finales del siglo I, junto a la que debieron existir otros edificios y estancias de los que no hay restos visibles en altura y superficie. Tiene planta rectangular, con un largo de 12 metros y unos 3 metros de altura. Está construido con sillares, algunos de los cuales superan los 180 centímetros de longitud y los 60 centímetros de altura. Si bien no se descarta que pudiese tratarse de una vivienda o incluso un mausoleo (se conserva uno en Caspe), el arqueólogo José Antonio Benavente, señala que el gran tamaño de los sillares y la talla tosca de los mismos, además de la aparente ausencia de vanos en los tramos conservados, sería difícilmente compatible con ambos tipos de edificaciones.

En cambio, sí podría tener más relación con un edificio de tipo industrial, vinculado, por su entorno, al cultivo y elaboración de productos agrícolas, como el vino, el aceite o los cereales.

Junto al edificio, se han encontrado abundantes fragmentos de cerámica romana e ibérica y, en menor medida, medieval. Hay fragmentos de Terra Sigillata Hispánica procedente de los talleres de Tricio (Logroño), restos de ánforas, vasijas de almacenaje o cerámica común de cocina. Todo de época imperial romana. Los especialistas en cerámica romana Carlos Sáenz y Carmen Aguarod han determinado que estos materiales son del siglo I, de época Flavia. Este periodo coincide con el momento de abandono del gran enclave urbano de El Palao y la probable expansión de villas y establecimientos agrícolas rurales en el entorno de Alcañiz. Parece también probable que el edificio o instalación construida en este lugar estuviera en uso o perviviera durante largo tiempo.

A unos 300 metros de la construcción hay una zanja muy profunda excavada en la roca, posiblemente de drenaje, que podría estar relacionada con el edificio histórico y con la explotación agrícola de esa zona en época romana.

Para el Taller de Arqueología de Alcañiz es importantísimo poder realizar sondeos y catas arqueológicas tanto en el interior del masico y del edificio romano como en su entorno para documentar mejor los restos conservados y afinar en la interpretación.

“Estas primeras actuaciones y los resultados de las mismas podrían constituir un paso previo a la solicitud de declaración de Bien de Interés Cultural para dicha construcción teniendo en cuenta las características, monumentalidad y excepcionalidad de los restos conservados, único ejemplo hasta ahora documentado de edificio romano en altura en el término de Alcañiz y la comarca del Bajo Aragón”, indica Benavente.

El hallazgo se encuentra en una finca privada, únicamente cubierto por las ruinas del masico, por lo que debe llegarse a un acuerdo con los propietarios para proteger el edificio histórico, algo fundamental para el arqueólogo, pues fácilmente podría ser sometido a hurtos e incluso desmontarse para reutilizar la piedra. En este sentido se envió un informe a la Delegación del Gobierno de Aragón y también se ha puesto en conocimiento del Ayuntamiento de Alcañiz. “Lo ideal en estos casos es que una administración pública adquiera el terreno”, señala Benavente, lo que ya se hizo con importantes asentamientos íberos como el Taratrato o el Cascarujo.

Las tareas necesarias después de su protección, son las investigaciones con técnicas como el georradar y el estudio del entorno.

Fueron unos vecinos los que avisaron al arqueólogo de que bajo ese masico podría haber restos de interés. Y así fue. Cuando José Antonio Benavente se desplazó hasta allí no tuvo duda de que se trataba de un edificio romano.

Su estructura se usó como base de la masada actual, que podría haberse construido entre los siglos XIX y XX. Hace unas décadas se adosó al masico una nueva construcción para garaje y almacén de aperos agrícolas. El edificio de sillares romanos ha permanecido en el interior de ambas construcciones pasando totalmente desapercibido desde el exterior. Parece tener planta en U, incompleta, conservando un gran muro, de unos 12 metros de largo, y una altura visible de cerca de 3 metros. Son visibles las huellas impresas de talla de los grandes sillares, realizadas mediante puntero o picos metálicos.

“Parece probable que bajo el suelo actual de esta masada se encuentren estructuras no visibles que podrían aportar más información sobre la funcionalidad de este interesante edificio”, indican desde el Taller de Arqueología de Alcañiz.

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