Cultura

La Concordia de Alcañiz se mostró, con todo lujo de detalles y rigor histórico, a un numeroso público

Numerosos voluntarios e integrantes de asociaciones y entidades bajoaragonesas se esmeraron en dar vida a la recreación de la Concordia de Alcañiz, el pacto medieval que determinó el 15 de febrero de 1412 cómo se elegiría a un monarca para la Corona de Aragón tras la muerte sin descendencia del rey, Martín I, “El Humano”.

El público llenó el acto central de la fiesta, que tuvo lugar este sábado en su escenario original: la iglesia Santa María la Mayor, donde se firmó la Concordia, un conjunto de representaciones respaldadas por el rigor histórico del investigador Darío Español y que recrearon los hechos con todo lujo de detalles y de manera didáctica.

A diferencia de otros años, las funciones que preceden al acto central no se desarrollaron en la emblemática plaza de España, por estar en obras, y se trasladaron a la iglesia Mayor. Allí los actores mostraron a los asistentes cómo se vivieron en familia los momentos próximos a la muerte de Martín I, junto a su segunda esposa, Margarita de Prades, y se aprovechó para ahondar en la vida de las mujeres en esa época e, incluso, en los medios con los que contaban para dar a luz.

Ya de noche, y con unos estudiados juegos de luces que resaltaban los atuendos, diseñados como réplicas medievales, y creando un ambiente íntimo a la vez que misterioso, como un viaje en el tiempo, se dio vida al acuerdo que tanto peso ha tenido en la historia. Los compromisarios procedentes de las Generalidades de Aragón, Cataluña y Valencia fueron haciendo su papel mientras se explicó meticulosamente al público quién era cada uno y qué labor desempeñó en la Concordia. Uno de los compromisisarios fue el valenciano Vicente Ferrer, que, precisamente, tiene una imagen en uno de los púlpitos de la iglesia alcañizana. El nombramiento de Fernando de Antequera como rey de la Corona de Aragón se emplazó a Caspe.

Aunque ese fue el acto central, ya desde la mañana se sucedieron las actividades de un intenso programa. La mayoría de ellas fueron al aire libre, en el entorno del parque de la Glorieta y la plaza Santo Domingo, donde se instaló un campamento y los niños pudieron ver muy de cerca a varias aves rapaces usadas en cetrería, tirar con arco, aprender escritura medieval o asistir a talleres de sombreros de lana y tejido. La mañana se amenizó con bailes medievales, dulces y chocolate. El tiempo primaveral contribuyó al éxito de esta fiesta, que repercute en la hostelería local y que ofreció a los visitantes la posibilidad de conocer la ciudad con visitas guiadas gratuitas.

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