VÍDEO. Diego Buñuel: una nueva generación regresa a tocar el tambor a Calanda
Maza en mano, Diego Buñuel, Rompió la Hora al mediodía de este Viernes Santo en el gran bombo de Calanda, que se instaló en una plaza de España abarrotada de tambores, bombos y túnicas moradas.
A pocos metros de Diego, camuflada entre muchedumbre, estaba la escultura de su abuelo, el cineasta Luis Buñuel, que tanto ha dado a conocer por el mundo Calanda, donde nació hace 125 años. También llevaba colgado su tambor.
“He venido con mis hijos, que no conocen los tambores de Calanda, así que va a ser un momento increíble para la familia y es que todavía hay una nueva generación que regresa a este pueblo para tocar el tambor”. Así describía Diego la ilusión que le hacía hallarse con los suyos en donde nació su abuelo, de quien recuerda que “cada Semana Santa salía a tocar su tambor en el jardín de su casa de Ciudad de México, porque tenía a Calanda en la memoria y eso era muy fuerte para la familia”.
Se le hizo paseillo, junto a las autoridades y a un putuntún emplumado de blanco y morado, desde el Ayuntamiento hasta el bombo de la plaza. A las doce menos cinco se logró un silencio total en la plaza. Los asistentes, que lucían el morado en túnicas y también en la piel de algún bombo o tinte de pelo, aguardaban el gran momento mirando las agujas del reloj de la casa consistorial y preparados para Romper la Hora, al unísono, con palillos y mazas. Los turistas se abanicaban, se hacían turbantes y estiraban el cuello hacia el gran bombo bajo un sol que llamaba a tomarse algo en los bares de la plaza. Junto a la hora, se rompió el silencio con un ruido ensordecedor al que habría que acostumbrarse durante horas de toque libre por la plaza y las calles aledañas.
Y es que el Romper la Hora es un momento tan bullicioso como deseado en la Semana Santa de Calanda, y el más importante para su alcalde, Alberto Herrero, quien lo recibió “con muchísimas ganas e ilusión y agradecido a la familia Buñuel, que ha querido estar con nosotros”. Para Herrero, lo más emocionante de este acto es “ver las caras de la gente y sentir ese cosquilleo que nos sube a todos los calandinos, porque esto nos hace especiales y diferentes”.
