El río Guadalope se somete a una crecida controlada desde el embalse de Santolea, que ultima su puesta en carga
La presa de Santolea abrió sus compuertas este jueves para simular una crecida natural del río y analizar aspectos medioambientales, mientras las pruebas tras el recrecimiento del embalse se encuentran en su última fase.
La presa de Cañón y la del Puente del embalse de Santolea se encuentran actualmente en la cuarta y última fase de su puesta en carga, unos trabajos que, necesariamente, deben prolongarse durante años desde que finalizan este tipo de construcciones, lo que en este caso ocurrió en 2022. Tras estas pruebas, que consisten en varios llenados y vaciados para someter a las presas a las diferentes condiciones a las que deberán hacer frente, el embalse estará listo para usarse, lo que podría ocurrir entre este año y el que viene, indicó Rafael Arcos, jefe del servicio cuarto de explotación de la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE). Será entonces cuando la obra se entregue al Ministerio de Medio Ambiente y a la confederación. El recrecimiento tendrá un coste total de 150 millones de euros.
Al tratarse de un sistema de tres presas, ha sido necesario hacer más combinaciones de las habituales y todo ello supeditado a los usos del agua. “Suele llevar unos cuatro o cinco años todo el proceso”, indicó Arcos. Entre las tres presas se superarán los 100 hectómetros cúbicos, lo que duplicará la capacidad original para explotación y hacer frente a la sequía en una cuenca con unas 25.000 hectáreas agrícolas y una demanda aproximada, en condiciones normales, de entre 80 y 100 hectómetros cúbicos.
Lo que queda pendiente tras este último proceso de llenado, es someter a la presión del agua a la presa del Cañón
Arcos señaló que “hemos tenido buenas reservas este año, alcanzando un 100% de llenado en la presa del Puente y faltando 39 hectómetros cúbicos para el llenado total en la del Cañón. La presa de Santolea, que es la última de este sistema de presas, estará a unos 4 hectómetros cúbicos durante esta fase”.
La CHE llevó a cabo este jueves una crecida controlada en el río Guadalope, entre las presas de Santolea y Calanda.
Su objetivo es el diseño de medidas de rehabilitación fluvial que permitan mejorar las condiciones hidromorfológicas y sedimentarias del tramo medio del río Guadalope para favorecer su ecosistema.
La crecida sirvió para analizar y estudiar el comportamiento del río
Javier San Román, comisario de aguas adjunto de la CHE, explicó que “las crecidas son fenómenos naturales que configuran los ríos” y los embalses ponen freno a esas crecidas para reservar el agua. Sin embargo, esa retención, señaló San Román, tiene como consecuencia que aguas a bajo los cauces queden ocupados por vegetación, lo que afecta a su ecosistema. Esto fue notable a finales de 2018, con el vaciado del embalse de Santolea, cuando un gran aporte de sedimentos cambió la forma del río, que truncó las condiciones propicias para la vida de las truchas. Entonces, la CHE se comprometió a trabajar para recuperar el cauce y la crecida de este jueves fue en este sentido, simulando una crecida natural.
Varios equipos de las universidades de Lérida, Zaragoza, Barcelona y un instituto catalán dedicado a estudiar el agua, se encuentran esta semana monitorizando el efecto de la crecida. Los datos que obtengan se incorporarán posteriormente a un modelo. Más adelante, habrá nuevas crecidas controladas para avanzar en los estudios, que pueden seguirse públicamente desde la web de la CHE.
Los equipos analizan el caudal, la altura del agua en varias secciones del río, la velocidad del agua, que afecta al movimiento de partículas y el tipo de sedimentos, todo ello relacionado con las condiciones que necesitan las truchas para depositar sus huevos.
Además, se harán cargas de sedimentos, que actualmente están acopiados en la cola del embalse desde cuando se vació. En función de los datos obtenidos con estos estudios, explicó San Román, se determinará qué tipo sedimentos se aportarán, teniendo en cuenta su granulometría y cantidad. “La idea es que el propio río distribuya esas grabas a lo largo de los kilómetros del río, especialmente hasta el azud de Abenfigo, que se encuentra a medio recorrido entre la presa de Santolea y la cola del embalse de Calanda.
La suelta de agua se realizó de manera progresiva desde las cinco de la madrugada, alcanzando un máximo 29 metros cúbicos por segundo al medio día. Se movilizaron alrededor de 700.000 metros cúbicos en total.
