Un lobo mata 69 animales de ganado en Alcañiz

Como hace a diario, José Cases acudió el pasado 10 de febrero al recinto electrificado en el que guarda su rebaño. Era temprano y, a medida que se acercaba a su finca iba encontrando indicios de una tragedia: primero una cabra degollada y luego un centenar de ovejas sueltas. Al llegar, pilló al lobo infraganti, con un animal en la boca y después de haber herido de muerte a 41 ovejas, 2 mardanos, 2 machos de cabra, 10 cabras y 14 cabritillos.

Los veterinarios del centro de recuperación de fauna silvestre de La Alfranca determinaron que la mordedura era compatible con la del lobo. El ganadero pudo grabar al animal con su teléfono móvil mientras huía.

“Es muy listo”, asegura José refiriéndose a la estrategia que empleó el lobo: “me dividió el ganado en cinco hatajos y lo fue asustando para que los mismos animales tirasen el pastor eléctrico y saliesen”.

A este ganadero, que asegura haber sufrido ya tres ataques de este tipo en su finca, le preocupa que el lobo va perdiendo el miedo. “Ese día, lo tuve a dos metros y se me encaró, me sacó los dientes. No quiero ni pensar qué pasaría si atacase a un niño. Es capaz de llevarse a una oveja de 30 kilos en la boca”, apunta, recordando que “me entró una ansiedad tremenda y llegué a pensar en tirar la toalla, pero al día siguiente me levanté y me dije: tira para adelante, porque este animal no te puede echar atrás”.

José refleja las sensaciones de muchos compañeros de oficio bajoaragoneses, de municipios como Alcañiz, Híjar, Andorra o Castelserás. “Estamos en vilo,tenemos insomnio, no podemos vivir así, con la ansiedad y la incertidumbre de qué será lo que nos encontraremos cuando volvamos al trabajo”. El ganadero alcañizano insiste en que Medio Ambiente debe tomar medidas para evitar nuevas tragedias. “Si no se encargan ellos, se encargará el seguro de pagarme, pero el problema es que cada vez el seguro es más caro y se me está penalizando cuando yo no tengo nada que ver con ese animal”, lamenta.

Cases sigue de cerca al lobo, junto con expertos en estos animales. Es el único detectado actualmente en Alcañiz, donde llegaron a convivir tres. “El macho murió en la carretera, la hembra de sarna y este quedó huérfano. Vivía en los maizales acechando a otros animales que se alimentaban del grano, pero como ahora lo hemos cosechado, se ha quedado sin refugio y comida, por lo que no le ha quedado otra que atacar a nuestro ganado”, explica.

Lo que más preocupa entre los ganaderos, asegura, es que no sólo afecta psicológicamente a los propietarios, sino también a los animales que han estado presentes en la tragedia. “Tenía más de 300 a punto de parir y muchos están abortando. Eso no me lo paga nadie”, se aflige.

Después del último ataque, José ha llevado a los animales a su paridera. Es una medida provisional hasta que compre un corral de chapa portátil, que rodeará con el pastor eléctrico. Es lo que va ingeniando mientras insiste en que deben aplicarse soluciones.

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