Alcañiz. El cocodrilo del Azud tiene dueño

Pablo Omella es el autor del cocodrilo que amaneció el pasado veintiocho de diciembre en la presa conocida como el Azud, en el río Guadalope a su paso por Alcañiz.
El reptil, perfectamente realizado en cartón, papel de periódico y cinta de embalar, todavía flotaba en el río el pasado fin de semana y, posiblemente, siga haciéndolo hoy.
Colocando el cocodrilo en el Azud  Pablo celebró el día de los Inocentes. No lo hizo para criticar la mala situación en la que se encuentra hoy en día el río en el entorno del Azud, que tiene un aspecto sucio y seco debido a una fuga en la parte inferior de la presa que lleva meses sin arreglar. Sin embargo Pablo indica que, aunque no fue su intención inicial, si el cocodrilo sirve para denunciar el estado del río, le parece bien.
La idea de realizarlo surgió cuando Pablo vio en Zaragoza a unos artistas que estaban fabricando estatuas de cartón, papel y cinta de embalar que imitaban estatuas de bronce de la ciudad. El autor ya había trabajado antes con este material, una vez hizo un cabezudo de guardia civil, pero fue en Zaragoza, viendo a los artistas cuando se le ocurrió fabricar un reptil para el río.
“Lo iba a colocar de forma que bajase río abajo”, asegura, aunque finalmente lo colocó en tierra. Posteriormente “lo han ido moviendo de sitio”. Primero lo colocaron sobre el embarcadero y, otro día, cuando Pablo salió a pasear a su perro se sorprendió de encontrarlo flotando en el agua, dando vueltas impulsado por la corriente, como si estuviese vivo.
El cocodrilo fue fabricado sobre el escenario del bar “El Saloon” de Alcañiz, del que Pablo es propietario y explica que los clientes lo fueron viendo crecer.
La creación de situaciones y objetos sorprendentes es algo que forma parte de la naturaleza de Pablo. “Cuando se me ocurre alguna, la hago”. Una vez fabricó un confesionario de madera, “primero fui a la iglesia y dibujé uno de verdad”. El confesionario contenía un radiocasete conectado a una batería, un monedero exterior y un guante de boxeo que asomaba de imprevisto por la cortinilla tras la confesión. Con este confesionario, Pablo participó en los carnavales de Alcañiz, Valderrobres y Vinaroz, ciudad hasta la que lo llevaron en un remolque de terneros. Una vez terminadas las fiestas de disfraces, lo instalaron en la playa de Vinaroz. “Tela el que lo viera allí”, comenta orgulloso su autor.

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