Alcañiz. La calle San Pedro sufre las consecuencias de una mala ejecución

Hace dos años que terminaron las obras de remodelación de la calle San Pedro de Alcañiz.
Aguas subterráneas erosionaban la roca sobre la que se sujetaba la calle, dejándola cada vez más inestable y al borde del hundimiento, y más teniendo en cuenta el tráfico de vehículos que soportaba. Esa fue la razón de su remodelación.
Pero las obras no se llevaron a cabo de la manera correcta y eso está acarreando problemas en la calle y las viviendas de esta, y su paralela la calle Pueyos, desde que los arreglos finalizaron.
Una de las maneras de actuar para aportar solidez a la calle fue rellenar algunas bodegas de hormigón sin encauzar el agua, causante del problema, que no deja de manar, de no se sabe dónde, desde el cabezo Pui Pinos. Las bodegas se hormigonaron, pero el agua buscó otras salidas y, a su paso, afecta a viviendas de vecinos que llevan desde que finalizaron las obras sufriendo humedades.
La manera en que se ejecutaron las obras tiene otras consecuencias: en la calle se están formando desniveles y pequeñas grietas, aparentemente sin gran importancia actual, pero que si pueden traer problemas en el futuro. Algo que no debería presentar ahora este aspecto, siendo que las obras son recientes.
Por otra parte, las obras terminaron de tapar un búnker de la guerra, ubicado en una pequeña plaza entre la calle San Pedro y la calle Pueyos y rellenaron de hormigón una gran bodega de piedra ubicada entre la calle San Pedro y la subida Encomienda, de la cual partía un caño de pasadizos hacia el castillo. No se llevó a cabo ninguna inspección para calibrar si esta bodega era de interés patrimonial. Directamente se rellenó de hormigón y varios expertos en patrimonio y arqueología de Alcañiz no han tenido oportunidad de visitar la estructura, ubicada en la zona más antigua de la ciudad.
El arqueólogo alcañizano José Antonio Benavente se percató de este lugar cuando ya había comenzado a echarse el hormigón. Benavente considera que a la hora de hacer obras en la ciudad no se tiene criterio arqueológico. Un vecino que sí estuvo en esta bodega, antes de que fuese tapada, opina que “deberían haberla rellenado con grava, así en un futuro sería sencillo sacarla y no habría que ponerse a picar el hormigón”. José Antonio Benavente, señala que el rellenar un lugar así de hormigón puede parecer escandaloso, pero se muestra optimista. Cree que en un futuro, si hay interés en devolverla a la luz, no será muy complicado retirar el hormigón. Indica que antiguamente, cuando rellenaban neveras de piedra con escombro, no se imaginaban que alguien tendría interés en emplear tiempo, dinero y esfuerzo en restaurarlas.


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